Beach clubs

No obstante, a pesar de que debían entrar en vigor este año, algunas administraciones han decidido prorrogar estas medidas.

El concepto del chiringuito clásico está sufriendo una evolución. De éstos, se ha pasado al término anglosajón Beach Club, muy populares entre turistas patrios y foráneos. Conceptos más amplios que engloban, aparte de las propuestas clásicas, otras variables que trascienden del clásico pincho o caña: citas culturales, actividades, exposiciones y, en definitiva, toda una serie de acciones destinadas a ocupar el tiempo que el cliente pasa en la playa. El usuario de los beach club, usualmente de un perfil medio-alto, lo tiene todo a su alcance para disfrutar.

Estos clubes de playa comparten emplazamiento con los chiringuitos clásicos, si bien es cierto que existen zonas más propicias que otras para encontrarlos. Marbella, Baleares, algunas zonas de la costa canaria o catalana… resultan el caldo de cultivo más adecuado para su implantación y posterior crecimiento, puesto que en ellas se dan las condiciones de clima, e incluso de asistencia, deseados para estos locales.

No obstante, comer a pie de playa, en un beach club o en un chiringuito, puede ser más complicado en breve. La Ley de Costas del año 88 ya prohibía la ubicación de los chiringuitos en las playas, pero Gobierno y Ayuntamientos hasta ahora habían hecho la vista gorda. No en vano, la ley establecía este año como límite para su enrtada en vigor. Pero el plazo se ha cumplido y en contra de los establecimientos playeros suenan algunas voces: no son pocos los que culpan a este tipo de locales de ser los principales responsables de la pérdida de calidad –y banderas azules- de las costas; de contaminar física y acústicamente; no respetar los horarios de cierre o restarles terreno a los bañistas.

Si se sigue la Ley de Costas, los chiringuitos de playa dejan de serlo, ya que –como mínimo- habrían de retroceder hacia el paseo marítimo. Unas medidas que es probable que les resten popularidad entre sus asiduos, ya que poder comer a pocos metros del agua era, hasta ahora, uno de sus principales atractivos.

Comida sencilla, pero de calidad
Aún así, aparte de la buena ubicación de cara al verano, los atractivos de los chiringuitos radican en otra serie de factores que pasan desde la buena música y la animación, hasta la oferta culinaria que, a primera vista, no es demasiado variada pero que, en ocasiones, trasciende del mero pescado frito.
“En contra de lo que pueda pensarse, afirma Mª José Monterrubio, del restaurante Chantarella, cuyos dueños actualmente gestionan el Chiringuito de la Escuela de Vela Costa Ballena, en Rota (Cádiz), la gastronomía es un valor muy importante dentro del chiringuito. La gente viene a eso: a comer. Y hay que dar de comer bien y rápido, porque también quieren volver rápido al agua. Nosotros a medio día ofertamos cosas más típicas, como pescado frito, carnes, etc., por la noche es cuando cabe más espacio para las novedades: el cus-cus, por ejemplo”.

Así pues y complementando a dicha oferta, lo que parece que no se van a encontrar este año los chiringuitos de playa es con problemas de personal, a lo que contribuye, en parte, la crisis inmobiliaria. Mucho de su personal se ha derivado hacia el canal hostelero y el verano y estos establecimientos netamente estivales, contribuyen a crear nuevos empleos aunque, al estar marcados por la temporalidad, en ocasiones conllevan que se acentúe la falta de profesionalidad de la que –en líneas generales- se queja el sector. La otra cara de la moneda la constituye el hecho de que, también en líneas generales, los profesionales que desempeñan su labor en estos establecimientos le ‘echan muchas ganas’ predomina el ambiente festivo y el trabajo en un chiringuito no exige tanta preparación como pueda necesitarse en un restaurante al uso. Esas ganas palían en parte la poca o, en ocasiones, nula experiencia.

Retirar de sus actuales emplazamientos los chiringuitos de playa acarreará, según algunas informaciones, importantes pérdidas economicas que, pueden llegar a significar varios miles de euros en cada una de las distintas localidades costeras. Entre esta normativa y las bajas temperaturas que se vivieron el verano pasado las pérdidas de este segmento de la hostelería llegaron a significar, según algunas asociaciones hasta un 30%.

Es posible que este año, los propietarios de los chiringuitos tengan que lidiar además con otros factores coyunturales que ya están afectando al resto de la hostelería, como son un descenso del consumo, debido a la recesión económica y cambios en los planteamientos vacacionales del público local que optan por menos días de ocio y fuera de España, con lo que por ese lado también se ven mermados los ingresos. Y es lo que ellos dicen ¿A qué puede recurrirse para luchar contra semejante panorama? l
Ana I. García