Buen servicio a cualquier precio

Alta cocina y cadenas de restaurantes especializadas en ofrecer productos de calidad y dar de comer a precios económicos conviven en armonía. Pero, dado que la Ciudad Condal, haciendo abstracción de sus irreprochables valores culinarios, camina hacia la especialización en aquellos nichos de mercado llamados a satisfacer las necesidades de los trabajadores obligados a pasar todo el día lejos del hogar y de los turistas procedentes de iniciativas low cost, es sorprendente que algunas de las más notorias cadenas del segmento casual hayan procedido a desarrollar conceptos y abrir locales que se caracterizan por lo más fast de lo casual y por lo más low de lo cost.

Dejando a un lado la jerga anglosajona, hay que destacar que bien está que, ante bolsillos menguantes, las respuestas brillantes, innovadoras y hasta osadas de los emprendedores catalanes procuren conciliar una eficaz gestión de las compras -única salida para mantener el beneficio operativo ante el disparo de los costes de locales, personal, etc.- con las nuevas necesidades de un público muy concreto. Pero, siempre y cuando los niveles de servicio y atención al cliente implícitos esas nuevas fórmulas o conceptos no dañen los índices de calidad hasta ahora percibidos. No hay que olvidar que esta es una de las razones que les ha llevado a ostentar el liderazgo de un sector que no se caracteriza precisamente por reaccionar rápidamente a los cambios constantes que está experimentando la demanda.