Chardonnay, cuando el género sí importa

No es lo mismo hablar de la chardonnay que del chardonnay: una cosa es la variedad de uva y otra el vino.
Aparte de su lugar de origen, Borgoña, y otras regiones vinícolas francesas, se trata de una uva muy difundida internacionalmente y cultivada en muchos países como Australia, Estados Unidos (California), Argentina, Chile y Sudáfrica. Tanto que hay quien se refiere a ella como la reina blanca. En España es una de las variedades foráneas más extendidas, que se cultiva en diferentes denominaciones de origen, especialmente en Navarra.
La chardonnay es una uva que produce un mosto suave y aromático, muy frutoso, por lo que es una de las variedades imprescindibles para la elaboración del champagne y del cava. Además, es ideal para la fermentación y crianza en barricas de roble.
El chardonnay es un vino blanco que se caracteriza por poseer un aroma peculiar, con recuerdos de frutas blancas (manzana, albaricoque, melón…) y cítricos; por su capacidad de fermentar y envejecer en roble como un tinto y de armonizar con todo tipo de platos; por su longevidad en botella y capacidad de evolución; y, por último, por su sedosidad en boca y su cuerpo característico.
Este blanco se vinifica siguiendo las pautas de dos escuelas diferentes: los vinos jóvenes, sin paso por barrica; y los fermentados en barrica, al modo de borgoñón, que se conciben para que tengan una posterior evolución positiva en la botella.
Como ocurre con el Palacio de la Vega Chardonnay Fermentado en Barrica 2008, uno de los referentes de los nuevos vinos navarros.
Aquí, tanto la fermentación alcohólica como la maloláctica se realiza en barricas nuevas de roble francés Allier. Además, Palacio de la Vega ha desarrollado y perfeccionado un tostado especial de las barricas con su tonelero para obtener un vino muy personal.
Por ello, se trata de un vino elegante de llamativos brillos verdosos sobre fondo amarillo y de espléndido aroma donde los aromas de la madera se encuentran muy integrados con la fruta.
Frescas notas a frutos de pepita y de flores blancas acompañan los delicados toques cítricos como el pomelo y la lima. Notas de pan tostado, frutos secos y sutiles vainilla acompañan y dan soporte a este intenso aroma.
En boca tiene en un primer momento un ataque fresco, para pasar posteriormente a una boca de carácter graso, amplia, untuosa y de gran equilibrio. Un vino denso con un retrogusto muy largo y agradable l