Conran pone fin al escándalo de las propinas

Ha sido el Grupo Conran el que ha logrado vencer al gobierno británico después de años de litigios que han producido el cierre de algunos de los establecimientos más emblemáticos de la capital inglesa. Sin ir más lejos, Mon Plaisir, uno de los restaurantes más antiguos de Londres, dejó su actividad después de tres años de procedimientos judiciales.

El IR fundaba sus reclamaciones contra los empresarios hosteleros en una doctrina sentada por el Tribunal Europeo de Derechos Humanos, según la cual, las propinas pagadas con cheque o tarjeta de crédito son propiedad del empleador y, por tanto, integrarían el sueldo base de los trabajadores del restaurante.

Interpretando la normativa inglesa a la luz de esta doctrina, el IR venía exigiendo, en caso de detectar alguna irregularidad contable, el pago de las cotizaciones e impuestos no ingresados en relación con las propinas durante los últimos seis años, a contar desde la inspección, junto con los correspondientes intereses y sanciones.

La sentencia trae cola
Después de la sentencia Conran, parece haber quedado claro, sin embargo, que las propinas no están sujetas a cotización según la legislación inglesa vigente. Muchos de los empresarios afectados por procedimientos del mismo tipo podrían decidirse a reclamar al IR, no sólo la devolución de lo pagado, sino la indemnización de los daños causados por el Estado.

David Moore, propietario de Pied à Terre anuncia una demanda contra el gobierno por valor de 30.000 libras. Desgraciadamente, a Alain Lhermitte no le quedan fuerzas para reclamar las 400.000 libras que le tendría que reembolsar el gobierno, después de haber perdido Mon Plasir. l