Cuando los jóvenes chefs calientan motores

En este caso, quisiera destacar la cooperación escuela-empresa más que la labor de fomentar el uso de panes especiales en hostelería de la firma patrocinadora .Sobre todo recomendaría observar los resultados de cómo un claustro de profesores, que tienen ganado el cielo antes de irse de esta tierra, ha sabido ilusionar a sus alumnos con un proyecto; les ha hecho pensar en sus raíces culinarias o en sus hábitos de consumo, les ha puesto a disposición de su idea los conocimientos impartidos y esa palmadita en la espalda, tan necesaria para una promoción de profesionales que camina hacia lo desconocido: ¿seré como Ferrán Adriá o cómo Santi Santamaría?. No. Seré como Liset Rubio. Seré como Agustín Barragán.

Ellos fueron los ganadores. Pero también lo fueron los finalistas. ¿Porqué? Todos, procedentes de las escuelas de Artxanda, Sevilla, Barcelona y Asturias, convivieron durante unos días en plena armonía ,olvidándose de quien iba a ganar y de quien no iba a quedar primero. El Concurso, además de dar a conocer una gama de exquisitos panes, quería ir más allá: crear ilusión entre los que, en los próximos años, van a ser la sólida base de nuestra hostelería.

Presentación
Ilusión que llevó a alguno de ellos a realizar magníficos platos donde el pan en ocasiones poseía una presencia testimonial, superada por una esmerada presentación de la receta y mejores argumentaciones sobre los motivos de su creación, ante las preguntas del Jurado que incluso perdonó algún desliz, por reconocer que el mismo procedía de ese sesgo de hacer lo fácil difícil y lo difícil imposible y castigó, por el mismo motivo, al que se había olvidado de las bases del concurso, en aras de una creatividad y buen hacer propio de otros tipos de competencia.

Bienvenida, pues, la iniciativa de AEHOS y sus escuelas asociadas de aunar esfuerzos con las firmas comerciales. Enhorabuena, si tal como parece va a recibir como nuevo socio a una escuela de hostelería vinculada a un centro docente cuyos alumnos de ESO pasan por la cocina tantas veces como por el aula de informática. Y, de nuevo, felicidades a los profesores que, algún día, nos contarán las vicisitudes de su trabajo, poco reconocido, menos valorado y casi siempre olvidado en materia de un “warming up” con los alumnos brillantes, no exento de algunas recomendaciones: educar culinariamente sin confundir las mínimas báses de conocimiento con tendencias y corrientes al uso que pueden llevarles a un “take-off” donde sea difícil que tomen la altura debida para volar sólos.

No hemos de olvidar a la firma patrocinadora. Ha apostado por la labor callada de trabajar la cantera, de la mano de las escuelas de hostelería y su profesorado, cuando hay empresas que prefieren la notoriedad y los efímeros cohetes. Estos ocho jóvenes no olvidarán nunca las jornadas de convivencia, los intercambios de experiencias de los vicios y virtudes de sus respectivas escuelas y sobre todo que algún día, ojalá muy pronto, se llamarán para felicitarse por su promoción profesional.

Mientras tanto, bueno sería que el ejemplo de esta empresa patrocinadora cundiera entre otras que apuestan por el foodservice. Facilitaría a los profesores su labor docente acercando a los alumnos a la mejor universidad que pudieran elegir: el restaurante del siglo XXI.l