Cuando un hotel es un hogar: Casa Camper en el Mitte de Berlín

Para ello, a la mitad de la pasada década abrió Casa Camper en el Raval barcelonés, un hotel diferente, innovador, funcional, sencillo, que en sus bajos ofrecía a sus huéspedes las ventajas de Tentepié, suma de minibar, roomservice y bar-cafetería durante 24 horas, basado en la libertad para elegir y, a su lado, a pie de calle, el añorado (por desaparecido) Food Ball, lo mejor en materia de restaurante sostenible que se ha diseñado hasta el momento en España, pero pronto sustituido por un restaurante como Dos Palillos. Éste, bajo la firma de Albert Raurich y Tamae Imachi, supone agregar al hogar-hotel, un espacio lúdico gastronómico sin par, bajo el código de “comer en la propia cocina” nada menos que tapas asiáticas.

Tras el rodaje en la Ciudad Condal, Camper, que sabía de sobra que Berlín recuperaría la hegemonía de todo, no sólo abrió su tienda de zapatos sino también, en 2009, su concepto de techo y comida. Para ello se esmeró y encargó a Fernando Amat de Vinçon y al arquitecto Jordi Tió (crearon la primera tienda Camper en la calle Muntaner de Barcelona en 1981) un original hotel de siete plantas con medio centenar de habitaciones (genial la decisión de conceder la luz natural al baño en detrimento del dormitorio estampando el número de la habitación en la cortina de aquél) y sus correspondientes suites, con el consabido Tentepie (comer y beber lo que quieras cuando quieras, donde quieras, sin servicio, propinas, facturas…) y ahora un Dos Palillos concebido por los hermanos Bouroullec (los mismos que han diseñado la tienda Camper en las proximidades del Centro Pompidou de París) que, llegados de la Bretaña francesa, enamoran con el “comer en la cocina”.

O sea, en una sala de la planta baja del hotel, con una larga barra en dos planos y donde Raurich e Imachi han ungido a Berhhar Munding (ex del Vendôme de Colonia) para liderar como chef de cocina a diez profesionales encargados de atender a treinta comensales, encargados de refutar otro de los principios de los artífices de la sociedad-Camper: de la connivencia entre la cocina y los comensales lograr la legitimidad del espacio”.

Todo ello con el discreto encanto de un silencio profesional no exento de guiños que rinden tributo a la sociedad berlinesa, por medio de iconos tales como el uso del zinc en la fachada, objetos con orígenes en el movimiento Bauhaus y por supuesto los inefables Brabant, que durante muchos años supuso el soñado medio de la privada locomotion en la parte más oriental de la capital, siempre, de Europa.

MC