Dosis extra de ilusión en un catering excepcional

En su cartera de clientes hallamos firmas punteras en responsabilidad social corporativa, que además buscan calidad y buena relación calidad-precio como Ikea o Mapfre.

Como todas las grandes ideas, el catering nació de un pequeño proyecto: un taller de sándwiches organizado por la Fundación Juan XXIII, una organización privada (aunque subvencionada) sin ánimo de lucro, creada hace cuatro décadas para impulsar la integración social y laboral de las personas adultas con algún tipo de discapacidad intelectual. “Al principio tardábamos una hora en hacer diez sándwiches, pero luego fueron cogiendo ritmo y logramos hacer setenta en una hora. Empezamos a venderlo en la cafetería del centro a 50 céntimos”, explica Juan Prieto, el pedagogo responsable de esta iniciativa. Hay que aclarar que la Fundación Juan XXIII estrenó hace cuatro años nuevas instalaciones con un centro de día con cafetería, cocina y comedor con capacidad para 400 usuarios. Es decir, que el campo de pruebas para seguir avanzando en esta línea gastronómica ya estaba establecido. El siguiente paso fue contratar al joven cocinero Javier García Mínguez, con miras a ampliar la gama de comida, ganar calidad y coordinar el trabajo. Desde que abriera sus puertas, la comida había sido elaborada siempre por los usuarios del centro desde las propias cocinas, así que sólo era cuestión de pensar a lo grande. Había que dar un salto y consistió en ofrecer su trabajo fuera, proporcionando así empleo a un mayor número de personas, que al fin y al cabo es uno de los medios principales para su integración. Su primera presentación fue ante la compañía sueca Ikea, que finalmente les eligió entre otras opciones para dar de comer diariamente a entre 180 y 200 trabajadores de su central madrileña. Según Prieto, “nos eligieron porque hacíamos la comida de la abuela”. A partir de ahí, podríamos decir que todo ha venido rodado. El catering de la Fundación ahora es habitual en KPMG, Red Eléctrica (todos los días les sirven el desayuno) o la Fundación Mapfre. Incluso han servido al Ayuntamiento de Madrid, al espacio cultural La Casa Encendida (Madrid), fiestas particulares… Ya disponen de un catálogo de menús y para el transporte (todo se elabora en el centro y se distribuye desde allí) , algunas empresas privadas han donado furgonetas refrigeradas.

Nuevos clientes
Para captar clientes existe un departamento comercial, pero José Manuel Vázquez, gerente desde hace tan sólo un par de meses de todo lo relacionado con la cocina de la Fundación (antes trabajó en el Grupo Arturo Cantoblanco), cree que “El catering prácticamente se vende sólo. Las compañías ven el catálogo, los precios… y dicen: vamos a probar”. Sin olvidar el valor añadido que para los clientes tiene el con un proyecto social de estas características. Y continúa, convencido de que nada ocurre por casualidad,: “hacemos servicios grandes y la gente ve que estamos a la misma altura que cualquier otra empresa de restauración, que ofrecemos un producto de calidad y un servicio igual de bueno. La única diferencia es que donde los demás ponen un recurso, a lo mejor nosotros tenemos que poner dos”.

En las cocinas de la Fundación, por lo general, se trabaja diariamente desde las siete a las tres y de ocho a cuatro. Vázquez precisamente ensalza el empuje demostrado por estos empleados tan excepcionales: “Tienen una capacidad de trabajo impresionante. Los chicos trabajan muchísimo. Aquí todo el personal es interno y está muy implicado porque es su Fundación”. Huelga decir que cada cual cobra su sueldo por el trabajo realizado.

La cafetería del centro, auspiciada por el grupo Beam Global, también está atendida por personas discapacitadas que gracias a trabajos como estos “se abren a los demás porque tienen que relacionarse. A ellos les encanta el trabajo” explica Prieto. Cabe señalar, que además de Beam Global, otras firmas privadas colaboran con la Fundación y “patrocinan” diversos espacios o proyectos.

Entidad colaboradora de la CAM
El catering de la Fundación emplea a siete personas con discapacidad en cocina, más dos jefes de cocina con plena capacidad intelectual que coordinan los trabajos y son supervisados por Javier García Mínguez. Él se encarga en estos momentos de esas labores, pero sobre todo de la formación del personal y selección de aquellos más capaces para desempeñar cada una de las tareas necesarias. Una decena de personas, además, desempeñan la tarea de camareros “de bandeja” cuando así es requerida. El servicio de mesa es el siguiente reto. Al ser la inserción laboral una de las metas de la Fundación, la formación ocupa un lugar primordial. Cuentan desde octubre y hasta marzo con tres cursos de cocina, uno de celador, uno de grabador de datos y otro de operario de almacén. Por lo que respecta a los primeros, García Mínguez, asegura “Vamos a tener cursos de niveles bajos y luego otro para personas con algún tipo de discapacidad pero susceptibles de salir del paro. Estará más dirigido a hacer cantera para el catering”. Siempre que no haya que cocinar para el catering, los cursos se realizan en el cuarto frío de las propias cocinas, que en total ocupan 180 m2. A partir de febrero, además, la Fundación Juan XXIII pasa a ser ya entidad colaboradora de la Comunidad de Madrid, con lo que aquel que la finalice con éxito el ciclo formativo, obtendrá un título homologado. Para adaptarse a esta nueva situación, ya preparan una reforma en las instalaciones de cocina. Pero los planes van más allá. Son muchos y variados, aunque con las ganas que demuestran sus excepcionales trabajadores, no nos cabe la menor duda de que pronto todos se harán realidad

El catering, dentro de un ambicioso proyecto
La Fundación Juan XXIII es una entidad privada sin ánimo de lucro, fundada hace cuarenta años por una profesional de la enseñanza con vocación de mejorar la calidad de vida de las personas adultas con discapacidad intelectual y fomentar su integración social y laboral. El catering es una de las actividades que recientemente se han incorporado a la lista, como parte de un proyecto mucho más ambicioso.

En 2006 comienza a funcionar el centro de día de Fundación Juan XXIII, con capacidad para 48 usuarios. Dicho centro está concertado con la Comunidad de Madrid. Allí estas personas acuden de 9 a 5 de la tarde en régimen de media pensión y de manera completamente gratuita, sin costear ni comida ni transporte. Este centro de día ofrece servicio socio-sanitario y de apoyo familiar, así como atención a las necesidades personales básicas, pedagógicas, terapéuticas y socio-culturales, promoviendo su autonomía en todos los ámbitos. Asimismo, la Fundación Juan XXIII consta de un centro ocupacional cuyo objetivo primordial es fomentar la autonomía, la capacitación psicosocial y la habilitación laboral de los usuarios, dividiendo este servicio en seis niveles diferentes en función de las capacidades cognitivas y habilidades manipulativas de los usuarios.

Otra pata importante en este entramado es Ibermail, centro especial de empleo, que presta servicios integrales de marketing directo y promoción de ventas a terceros y pertenece en su totalidad a la Fundación. La compañía emplea actualmente a 90 personas, el 90% de las cuales presentan algún tipo de discapacidad intelectual. Dentro de esta sociedad, se enmarca Ibergift, una iniciativa empresarial de creación de regalos de empresa, servicio de catering y adquisición de cestas de Navidad, etc…). A través de la contratación de bienes y servicios con el centro especial de empleo las empresas cuentan con una solución personalizada para el cumplimiento de los requisitos que marca la ley en este sentido o con sus propios objetivos en lo que a responsabilidad social corporativa o empresarial se refiere.

Hace cuatro años, además, comenzó a funcionar un mercadillo solidario, que se celebra en “la milla de oro” del barrio de Vicálvaro, gracias a donaciones periódicas de empresas colaboradoras. En marcha hay un proyecto de integración laboral a través de este rastrillo. Otra actividad es la creación de materiales de artesanía realizados por los usuarios a través del proyecto Fundación IUVE, que se exponen para su venta, aún a pequeña escala, aunque ya planean instalar un punto de venta en la capital. En sus 12.000 metros cuadrados de instalaciones están habilitando espacios para alquilar como almacén a terceros y salas a productoras de cine o televisión es otro área a desarrollar.

JE.G.