El “gourmet sobre ruedas” llega al Metro de Madrid

Una suerte de quioscos de comida rápida que hasta ahora se han dispuesto en edificios ocupados por empresas de cierto volumen. Seis metros cuadrados y un enchufe cercano es todo lo que necesitan para funcionar. Con este sencillo mecanismo, Gourmet on Wheels ha llegado ya a una veintena de puntos de venta y al cierre del ejercicio habrán facturado unos dos millones de euros, suficiente, consideran sus responsables, para poner en marcha un ambicioso plan de expansión que, entre otros lugares, les llevará a varias estaciones del suburbano madrileño.

Apartir de octubre, los viajeros del Metro de Madrid tendrán la posibilidad de coger un bocadillo, una ensalada o un zumo de Gourmet on Wheels en lo que realizan un trasbordo, aunque, de momento, sólo en las estaciones de Nuevos Ministerios, Moncloa y Sol. Al contrario de lo que sucede cuando los quioscos se ubican en empresas, no habrá espacio adicional para mesas; si acaso, algún lugar de apoyo “porque Metro de Madrid es muy riguroso con el tránsito de viajeros y de empleados”, explica Manuel López Brañas, director general de esta joven compañía fundada por los empresarios Agustín del Pino y José Pemán y que, hasta ahora, ha estado muy centrada en el ámbito empresarial. En emplazamientos como los edificios Barclays, BBVA o Microsoft, todos en Madrid, Gourmet on Wheels se percibe como un servicio de valor añadido a los empleados, dentro de la política compensatoria de las compañías y sin coste alguno para ellas, por lo que no se paga el espacio utilizado, según López Brañas. “Lo que hacemos es intentar devolver parte del negocio a los empleados, en algunas ocasiones, con cursos de formación sobre alimentación, o patrocinando eventos que organiza la empresa…”, matiza. En cambio, en estaciones de metro el suelo utilizado sí tiene un valor monetario. El modelo es diferente.

Para lograr rentabilidad, Gourmet on Wheels se ha dirigido hasta el momento a empresas medianas o grandes de al menos trescientas personas, “también porque suelen ser las más receptivas a este concepto. Suelen tener departamento de recursos humanos que empieza a pensar en este tipo de cosas”. No suele ser lo habitual, pero alguna de éstas incluso cuentan con comedor de empleados, con lo que el carrito supone una ampliación de la oferta de restauración. En otras no existe tal oferta o se limita al vending, perfectamente compatible, piensa López Brañas: “Son ofertas distintas y complementarias”.

Adaptación
En el entorno empresarial, la gama de productos se adapta y los horarios se negocian para cada caso concreto, aunque los quioscos suelen estar abiertos de 8 a 16 horas, es decir, desayunos, tentempiés y comidas. El precio también varía en función del perfil del comensal, como afirma el director general: “Manejamos tres bandas de precio parecidas, aunque adaptadas al cliente”. Funcionan muy bien las promociones. Por ejemplo, a la hora del desayuno, se oferta café y bollería por 2 euros, o a mediodía, menús de 6,5 y 8 euros. Para elegir, se muestran ensaladas, bocadillos, sándwiches, bebidas, bollería y también platos calientes que les suministra la compañía La Cocina de Lola y que se regeneran en un microondas o en una plancha. Así, algunos productos y platos son adquiridos a pequeños proveedores y el resto, sobre todo sándwiches y bollería, se elabora en el obrador que la firma posee en el madrileño barrio de Vallecas con 700 metros cuadrados. “No aspiramos a producir todo lo que vendemos. Creemos que también es bueno tener proveedores externos que aporten cosas nuevas”.

Gourmet on Wheels emplea actualmente a unas treinta personas, unas diez en labores de oficina y los veinte restantes, en cada uno de los puntos de venta. Su ubicación actual en centros de trabajo hace que el cliente sea muy repetitivo obligando así a una fuerte rotación de los productos, por ello, explica López Brañas, juegan con caducidades cortas, de dos días para los sándwiches, cuatro para los platos preparados calientes, y la bollería cambia a diario.