El hobby que se convirtió en medio de vida

Cuando George Urquiza estudiaba en su Argentina natal a fin de convertirse en diseñador industrial, no podía imaginarse el giro que iban a dar los acontecimientos. Le gustaba la cocina: tanto como para también querer formarse a ese respecto. Pero sin pensar que lo que había empezado como una afición se iba a convertir en la profesión que acabaría desempeñando.

Más adelante el joven Urquiza viajó a España y, también casi por casualidad, éste se convirtió en el país que vería cómo el chef llegaba a serlo. Su trayectoria se iniciaba en el Hotel Termes, en Tarragona para, tras la estancia allí, el posterior traslado a Madrid. Lo que iba a ser una visita a España de un mes o dos, para conocer el país y hacer algún contacto, se prolonga ya seis años.
A la llegada a Madrid, George H. Urquiza recaló en varios sitios de renombre. En su trayectoria puede jactarse de haber desempeñado su labor profesional en emplazamientos tales como La Terraza del Casino, el restaurante Adoc, Loft 39, etc., alguno de los cuales le ha marcado a la hora de convertirse en lo que es hoy en día.
“Me pasó con mi primer jefe de Cocina en el restaurante del Hotel Termes en Tarragona y, en Madrid, sobre todo en Adoc; más incluso que La Terraza del Casino, puesto que Ettienne Bastaits tenía una manera de hacer las cosas muy correcta en dicho restaurante. Era un nivel muy alto y muy perfecto, con una exigencia de trabajo enorme, explica el chef, pero estuve muy poco tiempo, porque llegué en diciembre y el restaurante tuvo que cerrar en febrero”.

Nuevas responsabilidades
Pero, al final, después de toda su andadura que le ha llevado tanto por restaurantes al uso como cocina de hotel, el joven cocinero se encuentra inmerso en la cocina de O’Live, un local en pleno barrio de Salamanca, donde ha pasado a convertirse en el máximo responsable del equipo de cocina. Su primera labor ha consistido en cambiar la carta y desempeñar una labor “con la que la gente esté contenta y después vuelva”.
Más aún si se tiene en cuenta que de lo que se trata en el restaurante es de ofrecer la máxima calidad a precios muy competitivos, ofertando una carta más llamativa que la que existía pero sin que el producto sufra menoscabo alguno.
“El rodaballo, por ejemplo, explica el cocinero, es un rodaballo salvaje con puré de limón y, como en todo, el producto debe primar por encima de la guarnición: en todo momento debes saber que estás tomando un rodaballo”.
Así, para los próximos años, el objetivo es el de consolidar todos los cambios que se están haciendo en el local y conseguir que la gente los acepte. Una tarea que no debería ser demasiado complicada habida cuenta del barrio en el que se encuentra enclavado el local, que se presta a dichos objetivos. Las nuevas responsabilidades no son un problema puesto que Urquiza se encuentra rodeado de “un equipo muy bueno (en cocina son cinco personas) en el que todo el mundo pone lo que puede y más. Más todavía en una época que aún es de transición”. La parte positiva es que, como el local lleva abierto poco más de un año, por una parte la crisis económica no les ha golpeado de lleno y, como tampoco se ha vivido en O’Live una época de excesiva bonanza nunca; no se ha experimentado el boom de años anteriores, no se puede establecer una comparación.
Lo que sí tiene claro el chef es que a largo plazo su futuro no pasa por un gran restaurante como O’live, sino que en la etapa final de su vida profesional le gustaría contar con un restaurante propio, pequeño y, a lo mejor, no en la Capital de España.
El perfil
J Comenzó su carrera profesional en el Hotel Termes en Tarragona. Ha pasado por las cocinas de Adoc, La Terraza del Casino o Loft 39.
J No cree que en Argentina haya menos aprecio por la cocina que en España. También se posee una rica gastronomía pero sí es verdad que es menos mediática, afirma.
J Si no hubiera sido cocinero habría terminado su carrera de diseñador industrial o habría sido arquitecto. Algún día terminará los estudios que comenzó en Argentina, pero ahora como una afición.
J Los comensales que más satisfacciones le aportan son su propia familia. Darles de comer es lo que más le llena, puesto que tiene oportunidad de hacerlo en contadas ocasiones debido a la distancia.