El salario del miedo

Apenas llevamos cincuenta días de un nuevo año y no dejamos de preocuparnos por la distribución que el foodservice necesita en España, lema, por otra parte, de las VI Jornadas Internacionales de Restauración, que se celebrarán el 21 de mayo, en Madrid, en el marco de EXPO Foodservice.

Además, en este número, figura una entrevista inédita y exclusiva con el portavoz de Adiscat y Fedishoreca, asociaciones cuyos programas fundacionales, seguro también, nos ayudarán a dedicarle tiempo a reflexionar sobre la función de esta distribución en hostelería. Porque, dada su peculiaridad, la yuxtaposición de figuras profesionales en torno a la comercialización de bienes y servicios, más concretamente y como gusta oír,“desde los proveedores de los proveedores, hasta los clientes de los clientes”, es un compendio de complicaciones (por no decir despropósitos) con las consecuentes aportaciones negativas a rigideces estructurales y tensiones inflacionistas.

El objetivo de todos los protagonistas de este asunto es asociar progreso tecnológico con la experiencia de la fuerza de venta. El papel, que todo lo aguanta, lo traduciría como la comunión entre un sofisticado software de gestión y el gran activo que supone la experimentada fuerza de venta en la calle; patrulla de consejeros en foodservice, me atrevería a decir. Y a ciencia cierta que se persigue esa mezcla, pese a que, en ocasiones, hayamos sido testigos también de quien ha antepuesto oportunidades de mercado, a la voluntad estratégica de hacerse con el mismo.

Regularidad y fiabilidad
En el fondo, tanto distribuidores como operadores logísticos, sean generalistas como especialistas, con mayor o menor grado de oferta y prestación de servicios, deben aspirar a entregar un pedido ordenado de forma completa, conforme, en lugar, día, hora indicada, en las condiciones exigidas, a su temperatura, asegurando la trazabilidad del pedido y la seguridad alimentaría, de modo que el servicio prestado asegure regularidad y fiabilidad.

Este credo, más propio de misales como el que he titulado “Manual de Foodservice”, parece que poco a poco se va recitando con éxito, aunque a muchos se les haya atragantado alguna jaculatoria. Lo cual hay que destacar y celebrar, ya que la callada labor de quienes han asumido el compromiso de actuar como algo más que una correa de transmisión entre la producción de bienes y servicios y su destino intermedio o final, no suele salir en la foto y menos en las guías de estrellas.

Evidentemente, no llegan a ser los Yves Montand de la película de Clouzot cuyo título he copiado; ni la carga la de los camiones del film; ni el final, el que deseamos para nuestros profesionales, pese a que las penalizaciones por falta de puntualidad, descontrol de stocks, temperaturas o frecuencias de entrega, así como en el peso medio de lo manejado, podría equipararse a lo que la nitroglicerina supone para los cineastas.

En resumen, es año de elevar de categoría a la distribución y alejarla de lo anecdótico. ¿O acaso no se están desgastando muchas puntas de lápices viendo cómo o dónde se amortiguan los incrementos de precios que han llegado a los componentes del proceso descrito anteriormente y que tan pomposamente se denomina en la jerga la “supply chain”?l