Encuentre la asertividad en su interior

Mientras se trasladaban, los hielos en movimiento, en pleno invierno, dificultaban sus travesías. Tras intentos infructuosos alcanzaron sus objetivos y consiguieron la financiación necesaria para realizar nuevas expediciones a la Antártida.

Hoy en día, los medios, los recursos, la capacidad personal de cada uno de autoafirmar sus derechos, sin dejarnos manipular y sin manipular los derechos de los demás, manifiesta nuestra asertividad. Nuestras conductas, nuestros pensamientos y nuestros sentimientos, que nos permiten a su vez defender nuestros derechos sin agredir los derechos de los demás. Esta pasión provoca en las personas que nos rodean una conexión multiplicadora.

Esta capacidad se desarrolla principalmente en las relaciones sociales, profesionales y personales y, entendiendo el acto de comer como un acto con fuerte componente social y con un factor humano que lo acompaña de forma intrínseca, entendemos que es un excelente ámbito, campo y área donde cultivarla, practicarla y ejercerla.

Teniendo en cuenta que la restauración, junto con la distribución, son probablemente dos de los sectores económicos más sensibles, más dinámicos y más expuestos a los cambios en nuestra sociedad actual, entendemos que la asertividad es un derecho, una capacidad, y un factor, de práctica, uso y confrontación diaria.

Las personas que por motivos profesionales realizamos a diario el acto de comer fuera de casa y no siempre en el mismo sitio, podemos ver con una simple pincelada como son de diferentes los servicios, atenciones y usos en los locales del sector. De los tres componentes servicio, calidad y precio que posee el sector de la restauración la asertividad entra de lleno en el primero de ellos: el servicio.

Supongamos que nos sentamos en un restaurante a comer y nos sirven un plato de sopa que está frío y encima a nosotros nos gusta bastante caliente, casi quemando. Nuestra reacción sería: o bien no decir nada y comer la sopa; o armar un escándalo y decir al camarero que no pienso volver ni en pintura a este local; o llamar al camarero y decir que nos ha servido la sopa fría, que la caliente o la cambie.

Si la asertividad la visualizamos como una línea horizontal; la primera reacción sería una persona con estilo pasivo o sumiso situada en un extremo de la línea de la asertividad, la segunda reacción sería un estilo agresivo situada en el extremo opuesto de la línea; y la tercera reacción sería el punto central del eje, de la línea, de la persona asertiva.

Las personas con perfil o estilo sumiso se caracterizan por no defender sus derechos ni intereses personales, respetan a los demás pero no a sí mismos. Las personas con estilo o perfil agresivo defienden sus derechos e intereses personales de forma excesiva, agresiva y a veces hasta humillante, y otras veces carecen de las habilidades sociales para afrontar ciertas situaciones. En cambio, la persona asertiva conoce perfectamente sus derechos, los ejerce y los defiende, y en general no es que vaya a ganar sino a llegar a un acuerdo.

Si hacemos un paralelismo rápido y comprensivo y asociamos la falta de asertividad a una falta de habilidades sociales, podemos empezar recordando que las personas no nacemos con todo el bagaje social aprendido, bien al contrario la habilidad social se conoce, se aprende, se adquiere, se madura, se digiere y finalmente se aplica, durante el resto de la vida, y para ser más precisos, exigentes y eficientes se retroalimenta.

La falta de habilidades sociales puede venir por dos causas: porque la persona no ha aprendido, por no tener ni el modelo, ni el aprendizaje ni el ambiente adecuado (esto sería haber tenido una educación muy severa y estricta, sin opción a tener ni expresar una opinión, ni criterio y siempre bajo la tutela, vigilancia y opción única y valida del padre o progenitor); o bien porque realmente se posee la habilidad social, pero existe una serie de factores bastante importantes que interfieren, limitan y coartan las conductas personales (esto serían factores limitadores como el miedo, la timidez excesiva, el pánico, la ansiedad, o el nerviosismo, ya sea a la hora de hablar en público, pedir un aumento de sueldo, o expresar una opinión o sentimiento).

Que nos quede bien claro que ser asertivo no quiere decir tener, llevar o ser dueño absoluto de la razón, sino que significa poder expresar nuestras opiniones, nuestros pensamientos y nuestros sentimientos, y nuestros puntos de vista sean estos correctos o no, ya que también tenemos el derecho asertivo de equivocarnos.

En el año 1921, Shackleton realizó su última pasión, despedido por una multitud entusiasta, acompañado de muchos integrantes de las anteriores expediciones.