Endeudarse para crecer

Supongamos que una empresa desea crecer o que tiene que encontrar un modo de financiar actividades o inversiones, presentes o futuras que, de alguna forma, vayan encaminadas a elevar la rentabilidad de sus recursos. Para ello, puede hacer varias cosas: recurrir al capital propio –si lo posee- o echar mano de la deuda: endeudarse para crecer. Los responsables financieros deben barajar todas las opciones y, en caso de decidir endeudarse, -por ejemplo, mediante un crédito bancario, un préstamo de los accionistas o proveedores, etc- estaremos ante un caso de apalancamiento financiero.

Si, una vez llevado a cabo este apalancamiento, la diferencia entre la rentabilidad de los activos en los que se invierte la deuda es superior al tipo de interés a pagar por el préstamo adquirido, la operación habrá resultado positiva y se habrá logrado el efecto deseado. Si, por el contrario, ésta diferencia es menor al interés que hay que pagar para devolver lo que ha sido prestado, el apalancamiento será negativo y, en consecuencia, perjudicial para la compañía.

Resulta muy común asociar la expresión apalancamiento financiero a una posterior inversión de la deuda en mercados (compra de acciones, fondos…), en los que averiguar si el apalancamiento resulta rentable o no es sencillo, puesto que estos activos ofrecen un tipo de interés o un beneficio fácilmente identificable. Pero, las operaciones de apalancamiento no sólo se reducen a la adquisición de mercados. Por ejemplo, un restaurante puede recurrir a la deuda para comprar nuevas mesas para una terraza que no tenía, o la ampliación del comedor principal. Los ingresos extras resultantes de esa terraza o ese comedor más grande, pueden asociarse a la rentabilidad (nueva) que obtiene la empresa.

Actualmente, casi todas las firmas optan por apalancarse alguna vez para aumentar su rentabilidad, el valor añadido que ofrecen a sus accionistas. No obstante, según, Alberto Matellán, experto del Servicio de Estudios del Instituto de Estudios Económicos, el sector de la hostelería y la restauración es uno de los que menos recurren a este tipo de operaciones para aumentar su rentabilidad.

Hay que tener en cuenta…

Pero, como cualquier otra, una empresa del sector hostelero puede recurrir a apalancarse en un momento dado, en aras a aumentar su rentabilidad y, por ende, sus beneficios. No obstante, los responsables de este tipo de compañías deben tener en cuenta determinadas variables.

En primer lugar, que a la hora de apalancarse no se debe sobrepasar cierto nivel de deuda. En el caso de la restauración, según Alberto Matellán, no sería aceptable una deuda de más del 50% de los fondos propios. Un poco más si hablamos de un grupo empresarial grande. Un porcentaje mayor conllevaría que la empresa se acercase peligrosamente a la descapitalización (pérdida de valor del patrimonio de la sociedad).

Además, en hostelería, el apalancamiento financiero debe ir dirigido a la adquisición de activos fijos o inmuebles. Nunca a la compra de mercancías. La razón estriba en que el plazo de pago de estas mercancías es mucho más corto que el plazo de pago, de devolución, de la deuda adquirida. Nadie desea seguir pagando durante años algo que se comió hace un mes.

Por último, las empresas de restauración deben aprovechar los bajos tipos de interés en el momento de apalancarse y estar sanas financieramente. Porque a la hora de que alguien te conceda un préstamo, más aún si se trata de una entidad financiera, se valora si la compañía ya está endeudada o no, si hay riesgo o no de que no se pague, etc. No obstante, en una empresa de restauración, al ser poco intensivas en cuanto a capital y más en mano de obra, suelen tener poca deuda. Salvo, naturalmente, que se trate de un grupo grande.