Furtivos llega a Ponzano

La Taberna Furtivos llega al número 52 de la madrileña calle Ponzano para quedarse, renovando la clásica taberna gallega a través de producto honesto recién llegado de la lonja y un cuidado local que invita a pasar las horas en el mejor ambiente.

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En Furtivos, un neón con forma de percebe hace las veces de faro para aquellos que quieran navegar por la gastronomía gallega a través de propuestas presentadas en formato de raciones para compartir (o no) que fusionan la gastronomía tradicional de esa región con la de otras partes del mundo y nuevas técnicas gastronómicas. Sabores en los que reconocer la cocina de la que venimos o sorprenderse con toques exóticos en un equilibrio que el comensal puede oscilar en uno u otro sentido al rellenar su propio orden de comanda y entregarlo en la barra. O mejor aún, intercambiando impresiones e intenciones con los cocineros que le atienden en ese mismo espacio.

20170705_Furtivos2Pucho Landín es el encargado de cada creación de la carta de Furtivos, que prácticamente cada semana incorpora nuevos platos de la cocina más libre de este chef gallego que ya ha pasado por las cocinas de Lúa, DiverXO, StreetXO, Barra Atlántica y el Culler de Pau, donde Javier Olleros fue su mentor y le transmitió la importancia de defender la cocina gallega tradicional actualizada y viajera, pero siempre con el producto de calidad como protagonista. Algunos de sus imprescindibles son los berberechos galithai con salsa tom yum, las zamburiñas estilo Furtivos preparadas con leche de coco ácida, kimchi, aceite de albahaca y algas, el guiso de chipirón, puerro y hondashi con trinchado de patata, o la croca de vaca vieja con cachelos, a los que acompañan básicos como percebes o mejillones al vapor.

Además, Furtivos cuenta con su propio vino, fácilmente reconocible al estar etiquetado con el retrato marinero que ya se ha convertido en santo y seña del local. Se trata, cómo no, de un Albariño elaborado en exclusiva por Bodegas Villanueva, uno de los más reconocidos elaboradores de la zona. Un vino de paso fácil pero capaz también de satisfacer los paladares más exigentes, y que cuenta con la acidez necesaria para combinar con la cocina de Pucho Landín.