Gastronomía en alta mar

Una carta de vinos digna de coleccionistas, una oferta de licores no apta para aficionados, una decoración elegante, una propuesta gastronómica de alto nivel y un servicio de lujo, son las líneas maestras en las que se basan los cruceros operados por la compañía Silversea.

Calidad en el servicio y calidez en el trato, esas son las dos características que marcan la diferencia entre Silversea y la inmensa mayoría de las navieras que transitan a lo largo y ancho de mares y océanos.

Si ponemos como ejemplo un barco como el Silver Shadow, el concepto de servicio y atención al público se resume así: una tripulación compuesta de 295 profesionales para atender un máximo de 382 pasajeros.

La división de alimentación y bebidas es, sin lugar a dudas, la más importante de cuantas componen el organigrama de Silversea. Aunque esto es así en la mayoría de los cruceros, en este caso existe una peculiaridad: El todo incluido de Silversea le da un gran valor añadido ya que no se pagan las bebidas ni las propinas. Todo ha sido pagado antes de salir y el pasajero se despreocupa.

De esta manera, la tripulación está siempre preparada para atender las necesidades de alimentación de los pasajeros, en los espacios habilitados para la restauración, en caso de que están abiertos, y en las suites (no hay camarotes en estos barcos) en caso contrario o cuando el cliente lo solicite. No existen reglas ni costumbres preestablecidas.

La excelencia del servicio
Aunque la calidad del producto es excelente, tanto de la comida como de la bebida, y todo funciona a la perfección para que cada cosa esté siempre en su sitio para el disfrute de los pasajeros, lo que realmente llama la atención en estos cruceros es el servicio. El trato de la tripulación, pendiente 24 horas al día para que el pasajero se sienta perfectamente atendido, sabiendo anticipar sus posibles necesidades pero guardando la suficiente distancia como para no agobiar.

Pero ¿cómo se consigue semejante armonía en el servicio todos los días del año? Los trabajadores se embarcan entre ocho y nueve meses al año divididos en dos periodos de alrededor de cuatro meses cada uno y dos de descanso.

Durante el tiempo que están en el barco hacen turnos y aprovechan para librar en los días en los que el barco hace escala.
“El trabajo de camarero en este barco no es excesivamente duro. Se requiere hablar inglés correctamente, además de otro idioma. Pero, sobretodo, te tiene que gustar trabajas con la gente, de cara a ella” asegura el portugués Antonio, Maitre D’Hotel y jefe de todos los camareros del barco.

Entre sus funciones se encuentran la gestión del personal en los tres restaurantes del barco (The Restaurant, La Terraza y Le Champagne) y en el Pool Grill Lunch, el bar restaurante situado en la cubierta superior, junto a la piscina, así como todo el personal de Room Service.

La otra pata de portento del lujo se cimienta en el holandés Edgar Van der Aar, el jefe de cocina. Él es el encargado de que todo funcione en la cocina como un reloj. Para ello cuenta con una plantilla de 35 cocineros, tres asistentes y treinta y cinco camareros.

En total realizan unos dos mil platos al día.

Para hacernos una idea, en este barco se gastan alrededor de quinientos kilos de patatas a la semana y unas 120 docenas de huevos al día.

A pleno rendimiento
La cocina del Silver Shadow es una máquina que funciona 24 horas al día. Cuando no se están confeccionando platos se están preparando eventos, catando nuevos productos o buscando nuevas fórmulas para satisfacer la demanda de los pasajeros. Pero sobre todas estas actividades, la que sin duda mantiene despierta la cocina es la elaboración diaria del pan y la bollería.

En la cocina del barco siete profesionales se encargan de que haya pan y bollería recién hecha a bordo las 24 horas del día. Partiendo de distintos tipos de harinas elaboran a diario cerca de dos docenas de tipos de panes distintos y alrededor de una docena de tipos de bollos. (Reservas en www.latitud4.com) l
Pablo Varela