Grupo Cañadío abre La Maruca en la Castellana

Zona de barra de La Maruca en la Castellana.
Zona de barra de La Maruca en la Castellana.

Paco Quirós y Carlos Crespo, creadores del Grupo Cañadío (La Maruca, Cañadío, La Bien Aparecida y La Primera), trasladan la exitosa fórmula de La Maruca Velázquez a la zona norte del Paseo de la Castellana.

Pese al momento actual que vive el sector y a que el nuevo local dobla en espacio a su hermano mayor, La Maruca Castellana cuelga ya el cartel de lleno gracias a un concepto muy actual que se sustenta en una cocina de casa de comidas –rica, casera, muy elaborada y a precios razonables–, una cuidadísima puesta en escena y una interesante parroquia con lo más granado de la sociedad madrileña.

La decoración del establecimiento, que cuenta con una gran terraza climatizada, una zona de barra más informal a la entrada y dos amplísimos salones, sigue la línea de La Maruca Velázquez. Prima un estilo cálido y minimalista de inspiración nórdica donde cada detalle ha sido escogido para elevar el estado anímico del comensal: la iluminación y la acústica del local invitan a alarga la velada y de las paredes cuelgan grandes fotografías en blanco y negro de la bahía de Santander, que rememoran alegres veranos en la costa y contribuyen a crear un entorno relajado y feliz. En esta nueva sucursal destacan además la luz natural y la abundante vegetación tanto de interior como de los jardines que rodean el local y que se intuyen desde sus grandes ventanales.

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A Paco Quirós y Carlos Crespo los avalan cerca de 40 años de experiencia en hostelería y la solvencia culinaria de sus enseñas. Su máxima es «que el cliente repita y para ello –afirman– lo primero es ofrecerle regularidad». Así, la propuesta de La Maruca se basa en una cocina honesta, de producto, con elaboraciones caseras muy bien trabajadas y recetas que, pese a estar de plena actualidad, nunca pasan de moda.

La identidad cántabra del Grupo Cañadío se refleja en platos como las anchoas de Santoña con pimientos asados, las rabas de Santander, la terrina de foie con sobao pasiego, los huevos rotos con picadillo de Potes, el cocido lebaniego, la fideuá negra de cachón o los callos a la montañesa. Entre sus opciones de picoteo son célebres la ensaladilla rusa con anchoa, las bravas, las croquetas de carne de cocido y los buñuelos de brandada de bacalao en tempura. Destacan también la ensalada fresca de ave escabechada, el tartar de tomate y queso Jarradilla, la menestra de verduras, la sopa de pescado servida en dos tiempos y las albóndigas de ternera con patatas y guisantes y justifica la visita la merluza, santo y seño de la casa, que se utiliza entera –cogote, lomos y tajada– para preparar de diferentes maneras: a la crema con patatas panadera, a la plancha con su refrito y guisada con gambas. En el apartado de postres destacan la tarta de queso y la de limón y merengue, presentes en el recetario del grupo desde la apertura de Cañadío Santander en 1981.

La propuesta de La Maruca Castellana se completa con una carta de desayunos que funciona desde las ocho de la mañana e incluye la exquisita tortilla de patata del Cañadío y bizcochos y bollos de manufactura casera. El local cuenta además con una barra de pinchos elaborados al momento y con gran variedad de vinos por copas, destilados premium y cócteles, que invitan a disfrutar del tardeo y –cuando se pueda– a tomar la primera de la noche.