Hacer de la diversión un negocio

Aún dentro del régimen franquista un veinteañero Teófilo Pérez se encontraba ante un desafío: se hacía cargo de un bar en el que decidió poner en marcha un “tipo de negocio diferente”. Era joven y con el ímpetu propio de los pocos años y tras un improvisado brainstorming con amigos, la idea de Los Bestias fue tomando forma.

Un orinal y el papel higiénico se convirtieron en el punto de partida de la idea. El segundo como servilletas; los primeros como recipiente en el que los camareros –al principio sólo ellos- bebían la cerveza. Era el comienzo, era divertido, era distinto. Y comenzó a tener éxito.
“La primera piedra se puso diciendo tonterías, por así decirlo”, recuerda Pérez. “entre un grupo de amigos se planteó ¿Qué hacemos? Y uno de ellos recordó que en su pueblo el chocolate lo servían en orinales. Nosotros hicimos lo mismo, pero con la cerveza… al principio sólo para el personal, pero más tarde alguien nos provocó diciendo que no éramos tan bestias como decíamos y la idea se extendió también al público”.

La idea corrió como la pólvora. El poder del boca a boca fue tal que al poco tiempo de estar abierto la afluencia de público era tan grande que a veces no se podía “entrar o salir del local”. La oferta gastronómica continuaba siendo reducida, se ceñía a las tapas que todavía conservaban sus nombres tradicionales.

Auge y caída
Pero Los Bestias eran muy bestias y las tapas que se ofrecían en el local no podían conservar sus aburridos nombres de siempre. De este modo, las patatas bravas pasaron a ser las patatas con mierda, se ponían sobre las mesas los mariquitas con gabardina, y el negocio prosperaba.

Al primer Los Bestias le siguió un segundo local en el centro de Valencia. A cargo del primero quedaba un familiar de su fundador, mientras que éste se ponía al frente de la recién nacida criatura, con tan mala suerte que el ruido, las fiestas y las risas que generaba el local acabaron siendo su perdición y éste tuvo que cerrar sus puertas. Era el año 1980. La suerte tampoco acompañaba al primer local, que con el cambio en su gestión había comenzado a “confundir los términos bestia y guarro”, y al poco tiempo también se clausuraba. Parecía el final de una idea original de rápido ascenso y descenso.

Pero no lo fue. Transcurrieron aproximadamente cinco años en los que el concepto desapareció completamente. Su fundador pasó por un momento en el que su moral dejaba mucho que desear y con el ánimo en horas bajas, se hacía cargo de una hamburguesería. No obstante, pronto se daba cuenta de que eso no era lo que quería: quería reimpulsar su creación, volver a Los Bestias. La oportunidad volvió a plantearse cuando un amigo le ofrecía un local en el puerto de la ciudad, donde ruido y fiesta no serían un problema para nadie. Las mismas variables que habían terminado con la etapa inicial del grupo, se convertía en su mejor arma, de cara a una segunda andadura que se prolonga hasta el momento actual.

Fue en el año 1985 cuando el rehecho Los Bestias colgaba de su puerta aquel cartel que rezaba “prohibido no tener sentido del humor”. Lo hacía con cierto miedo, ante la incertidumbre de no saber qué podría suceder en esa segunda etapa, o si era cierto aquello de que nunca segundas partes fueron buenas. Pero un contratiempo no puede significar el final de una idea, dice Teófilo Pérez:
“Es muy importante meter la pata, porque a partir de ahí vas de otra forma. perfeccionas la idea. Has atravesado todas las etapas de la vida y has aprendido de ello”.

Claves del éxito
En conclusión, segundas partes sí fueron buenas en este caso. En la actualidad, el grupo consta de cuatro locales: dos propios en Valencia y dos más, franquiciados, situados en Gandía y Zaragoza. Y con planes de nuevas aperturas en un futuro que podrían pasar por Madrid. Aunque aún no hay nada definido y todo dependerá de cómo se desarrolle 2009. Aún así, Teo es optimista con respecto a lo que ha de traerle el futuro a Los Bestias, ya que por el tipo de concepto por el que se ha apostado en el local, éste puede ser prácticamente un negocio anti-crisis en el que se unen varios factores que lo determinan así.

Por una parte sus precios asequibles. Después de haber centrado su oferta culinaria en las tapas, los restaurantes habilitaron varios menús en los que se puede disfrutar de varios platos, más barra libre de sangría, refrescos o cerveza, a un precio que no llega a los 20 euros.

Además, la marca se ha hecho especialista en acontecimientos de los que otros restaurantes “huían”, como son los cumpleaños, despedidas de soltero, fiestas desmadradas, que a otros molestan.

En tercer lugar, Teófilo Martínez afirma que “en tiempos en que la crisis le influye a todo el mundo, nosotros somos como un banco, pero sin dar dinero: esto es, en una época mala uno va a sitios donde lo traten bien y es en estos tiempos cuando hay que ser más simpático, más agradable, hacer más actuaciones y dar mejor comida”. l