La crítica de la crítica

Uno de mis críticos favoritos por su buen criterio y rica prosa es Xavier Agulló a quien he podido leer expresiones tan dignas de figurar aquí como esta: “las sensaciones táctiles y la desnuda naturalidad arrebatan la cordura y conducen, a través de otro estallido textural, a una heroicidad….”. ¿Y qué me dicen de estas líneas dedicadas a la becada?: “Es como hablar del olor de las nubes. Las nubes se observan, la becada se ama, es un acto prácticamente pornográfico donde el cuerpo se implica en un ritual inexplicable y remoto”.

Por su parte Pepe Barrena acerca su escritura al lenguaje coloquial: “sin perder de vista el paisaje y los sabores que le rodean, plantea virguerías técnicas y armoniosas con toques imaginativos…” Lo de virguerías……..

Rafael García Santos desde su atalaya no escatima florituras para sus filias, lean esta glosa de una tortilla de patata: “dispuesta en cubo, con tres texturas, crujiente y fundente de la patata y líquida de la yema de huevo que brota del interior al romper tan escultural figura” pero se limita a las exclamaciones para una sopa de tomate y violetas y para el resto del menú ininterrumpidamente: “¡Qué naturalidad! ¡Qué liviandad! ¡Qué perfume! con tuétanos de verduras ¡Qué texturas! y moluscos: gambas, berberechos… expresa la más cruda manjarosidad. Profundidad y redondez que vuelven a quedar patentes en….”. El problema es que en cuanto tecleo los adjetivos de nuestros críticos como “manjarosidad” el diccionario de mi Word se vuelve loco y empieza a subrayar todo en rojo.
En el lado opuesto estaría la literatura gastronómica del maestro Manolo Martin Ferrand, todo sabiduría, lectura reposada y esponja de vivencias humanas —¡si es que parezco un crítico con las cosas que escribo!—que prefiere hablarnos más de personas y momentos que poner adjetivos rebuscados y buscar frases sometidas al nitrógeno liquido. (Lo de “frases sometidas al nitrógeno liquido” es mío, que conste). Pues eso: vamos con Martin Ferrand: “acabo de probar unos cardos que anoto en las páginas doradas de mis recuerdos”. Natural como la vida misma.

José Carlos Capel estaría en este lado de la frontera entre “churriguerescos” (la expresión del entrañable Joaquín Merino para determinados platos) y “naturales”. Aunque a veces el crítico de El País se permite la licencia de encontrar “en cada bocado el hálito del Mediterráneo, los perfumes de las hierbas secas o la incisiva consistencia de los salazones”. Tiene sus días.

Bastante sobrio en su forma de escribir Fernando Point, peso pesado del oficio que rara vez obliga a consultar el diccionario pues no recurre a los calificativos rebuscados sino que prefiere hacer patente su erudición en un lenguaje más claro y directo. Sus adjetivos preferidos lo dicen todo: “correcto”, “extraordinario”, “mediocre”, “prometedor”, “perfecto”, etcétera. Algo parecido le ocurre a Carlos Maribona al que es difícil encontrar una concesión al tendido. Eso, sencillez y punto. Si es que el que vale, vale y el que no: a criticar a los críticos. l