La dosis justa

Tarrinas de mermelada o pastillas de mantequilla en el desayuno, bolsitas de mayonesa, de ketchup, de mostaza junto con las comidas; sets de aceite y vinagre para aliñar ensaladas; pueden encontrarse en las mesas de casi cualquier establecimiento hostelero. Aúnan en sí mismas varias características que las hacen recomendables y adaptables a cada tipo de situaciones: higiene, pureza, mayor visibilidad de marca, son algunas de ellas.

Por ejemplo, un caso de monodosis que han logrado un importante logro a lo largo de los últimos meses ha sido el lanzamiento de la marca Capricho Andaluz (de Muñoz Vera, www.mvera.com) de su set de desayuno compuesto por tarrina de tomate y aceite, que les ha valido un acuerdo a nivel nacional con la firma Ikea, que los emplea en su oferta de desayuno. Así pues, desde esta empresa conocen el segmento y saben de lo que hablan cuando defienden las mini porciones.
“El cliente final disfruta de varias ventajas al consumir monodosis, dice Rosa M. Guisado, responsable Nacional de Canal Foodservice de Capricho Andaluz, como por ejemplo de una calidad garantizada, o una higiene también garantizada, ya que no es lo mismo aliñar una ensalada con una aceitera que no sabes de dónde procede o qué tipo de aceite lleva, que abrir un producto que no ha tocado nadie”.

Mayor higiene
De hecho, la característica de la higiene en cuanto a monodosis, es un aspecto que resaltan la mayor parte de los representantes del sector.
“Las monodosis aportan limpieza, reitera Juan José Coca, de Acesur (www.acesur.com). Y que el cliente se crea que no hay manipulación de ningún tipo. Se evitan los rellenados y no se deteriora la imagen de la marca”. Un aspecto en el que coincide Adriana Estefan, de Mantequerías Arias (www.mantequeriasarias.com), que han hecho de las monodosis de mantequillas su nicho de mercado.
“Pero además hay otras ventajas que las monodosis aportan al restaurador, añade Rosa San Martín, de Bolton Cile España (www.boltoncile.es) -que, entre otras, posee en su haber la marca Prima-, como que el producto siempre está fresco, o la dosificación –se sirve exactamente la cantidad que se quiere y se evitan desperdicios de productos-; son productos herméticos, que muchas veces no necesitan frío, y que garantizan el sabor final”.

Así pues, parece que calidad, higiene, dosificación, están garantizadas, pero lo que reconocen algunos es que, a veces, la diferencia de precio con un producto a granel, hace que el restaurador no acabe de decidirse a la hora de incorporar este tipo de formato a su oferta. Aún así, esta diferencia, es relativa y depende del modo en que se interprete:

“A priori las monodosis cuestan más, afirma Remco Ruijter, de Chovi (www.chovi.com), pero todo es relativo, porque cuando el consumidor se encuentra en la mesa con un bote con un dosificador, tiende a ponerse en el plato más cantidad de salsa: puede llegar a tener, por ejemplo, 50 gramos de ketchup en el plato, cuando las monodosis oscilan entre los 10 y los 20 gramos, que nosotros consideramos que es la dosis adecuada para un plato. De cara al restaurador, con este tipo de formato es más fácil controlar la cantidad de producto que se está consumiendo, que se gasta, que con el dosificador”.

En cualquier caso, como en el resto de negocios, progresar dentro del segmento de las monodosis también llega de la mano de la especialización. Capricho Andaluz ha incorporado al mercado productos como el tomate ecológico, o la sobrasada, que se han constituido en auténticas novedades; aunque poseen otro tipo de salsas en formato monodosis, la auténtica fuerza del Chovi reside en su especialización en la elaboración de Alli Olli; Prima o Millás (www.millas.es) poseen una amplia oferta en cuanto a salsas se refiere, Hero en cuanto a mermelada, Kraft con las nuevas monodosis de Philadelphia (entre otras) y Arias en el segmento de la mantequilla… pero a todas ellas les queda aún camino por recorrer. Un camino que podría verse aligerado si –como en otros países de Europa- la legislación española contemplase aspectos que, de momento, no hace.
“Cada vez es más importante el aspecto de la seguridad alimentaria, explica Remco Ruijter, porque con los dosificadores, cualquiera puede rellenarlos con lo que sea o añadir alguna sustancia extraña. Por ejemplo, en Portugal ya está prohibido usarlos en las mesas de los restaurantes. En España aún no hay una legislación que, por otra parte, sería lógica”.

A.I.G.