La Musclería Moules frites belgas en el corazón de Barcelona

Ésta es la base de la oferta culinaria del único restaurante de inspiración belga de la ciudad de Barcelona, La Musclería.
Los belgas son grandes amantes y consumidores de los mejillones. Los moules frites son como aquí nuestro jamón ibérico, una especialidad que no falta en su dieta. Por ello, en sus pueblos y ciudades no es de extrañar ver infinidad de mejillonerías, es decir, establecimientos culinarios especializados en la cocina del mejillón.
Cuando hace unos años, una joven Sonia Pedrosa llegó a Bélgica de turismo, fue precisamente esto lo que más le sorprendió. “En cada esquina había un restaurante de mejillones”, recuerda la hoy empresaria restauradora. La idea le cautivó hasta tal punto que, a su vuelta a España, decidió copiar la idea y montar la primera mejillonería de Barcelona. Así fue como abrió sus puertas, en el año 1997, La Musclería, el primer y único restaurante especializado en mejillones de Barcelona y, según la propia Sonia Pedrosa, “de España”.
Sonia Pedrosa tenía por aquel entonces 23 años, estaba estudiando Ciencias Químicas, y no tenía ningún tipo de experiencia empresarial, ni gastronómica, cuando abrió las puertas de este hoy fructífero negocio que, sin embargo, vivió unos primeros años duros y difíciles. “La gente no estaba acostumbrada a este tipo de cocina, por eso, nos costó mucho llegar al público, y por eso, también, tuvimos que adaptar muchas recetas a los paladares catalanes”, cuenta la empresaria y restauradora.
Sin embargo, en toda esta década no ha sido nunca infiel a la idea original, es decir, a la cocina del mejillón belga. La carta de La Musclería, que varía periódicamente, mantiene siempre al mejillón como plato principal, aunque hace algún guiño a las cocas catalanas, al pescadito frito y a las siempre solicitadas ensaladas. Aparte de estas excepciones, el resto de especialidades cuentan con el mejillón y las patatas fritas como ingredientes principales.
El mejillón, que se sirve directamente en la cazuela donde ha sido cocinado, podemos probarlo gratinado con bechamel, con bacalao, con espinacas y piñones, con romesco, con vinagreta, con alioli o con mayonesa; pero también en cazuelas al vapor, al vapor cervecero, al curry, a la sidra asturiana, a la boloñesa, al roquefort, al parmesano, al basílica, al ajo, a la bechamel con jamón, a la mostaza, a la lima, a la marinera, al vino blanco, a las tres pimientas, a la poulette; y también salteados con almejas y alcachofas, con pulpitos, con cigalitas, con sepia fresca o con setas…
La mayoría son recetas adaptadas del recetario belga o inventadas por la propia Sonia Pedrosa o por el personal del restaurante, pero siempre con una clara inspiración belga.