La nueva Europa

Y lo destacamos porque dossiers como el de los alérgenos o el de los gases fluorados, tan sólo por señalar dos de inminente aplicación legislativa, no son más que la punta del iceberg de una exigencia ciudadana que progresará hasta límites de lo imposible.

Por ejemplo, ¿cómo se asumirá que en los colegios un porcentaje mínimo de alimentos ecológicos sea obligatorio? o ¿cómo se actuará  en un restaurante cuando el sistema de recogida de residuos se niegue a aceptarlos si supera cierta cuantía? ¿qué decir de directivas sobre bebidas con menor contenido de azúcares o medidas que penalicen determinados envases, volviendo al ya periclitado sistema de redención?

Sucede que los noveles parlamentarios querrán trabajar en temas de futuro inmediato y algunos de ellos, no cabe duda, a la hostelería española, de nuevo, la cogerán con el pie cambiado.

Urge pues crear lobbies que defiendan al sector de lo que viene. Si no, la vulnerabilidad crecerá tanto que al final no seremos más que un pasivo sector del que todo el mundo se aprovechará.