LHARDY Abriendo mercados

Renovarse o morir, podría ser el resumen de esta decisión empresarial. Nos referimos a Lhardy y su presencia en dos de los mercados de moda de Madrid, el de San Miguel, en los aledaños de la Plaza mayor, y el de Torrijos, en pleno barrio Salamanca.

Milagros Novo, actual propietaria de esta casa en la que creció y ahora gestiona, ha optado por hacerse presente en los mercados, de un tiempo a esta parte convertidos en espacios gastronómicos a los que la gente acude tanto para comprar como para consumir en directo. Nuevos centros de alimentación en los que es tan importante el contenido como el continente, donde el cliente agradece (y se muestra dispuesto a pagar) ese plus de calidad tanto en lo que al producto en sí mismo se refiere, como a su presentación, el trato o la profesionalidad de quien le atiende. Ingredientes que contribuyen a la formación de clientes gourmets, exigentes con lo que consumen aunque lo tengan que pagar. Un público al que Lhardy se quiere acercar para liberarse, de una vez, de esa fama que les persigue -y poco les favorece- de ser un lugar de gente de edad y de precios poco accesibles. Afirmaciones alejadas de la realidad como se puede comprobar una vez dentro y con la carta en la mano.

De esta manera, acercarse a estos centros gastronómicos es una manera de llegar a esos otros públicos, personas receptivas a conocer y probar cosas diferentes, gourmets, perfil del Mercado de San Miguel, pero también al consumidor más popular, en el sentido de numeroso, que es el que compra en el mercado de su barrio, como es el de Torrijos, y gusta de encontrarse propuestas nuevas, diferentes, que le ponen a la mano y prueban encantados por descubrir.

Se trata de dos lugares bastante diferentes entre sí aunque a priori sean fruto de una misma tendencia, arquitectónica y culinaria. La llegada del Mercado de San Miguel supuso una revolución en Madrid y, sin lugar a dudas, ha influido en desarrollos posteriores sin que supongan competencia ni plagio. Abarrotado en casi todos los momentos del día, también a causa de su pequeño tamaño, un puesto por ‘tipo de alimento’ y/o producto ha sido la filosofía con que se puso en marcha hace pocos años. Su éxito lo acredita a diario la cantidad de público que lo visita, y los muchos que en él consumen pues, sobre todo, es un lugar donde tomar de las cosas más variadas sin salir de él. Éste es el escenario en el que abrió, hace un par de años, la primera tienda Lhardy fuera de su histórica localización en la Carrera de San Jerónimo. En su puesto sirven tapas elaboradas con la misma calidad de materia prima que emplean en el restaurante, y con la que ofertan platitos de sus afamadísimos callos, croquetas o albóndigas, además de quiches, tostas variadas, ensaladas, chipirones… y sin que falte su más que popular vasito de consomé, un clásico obligado para quien pasa por la tienda del restaurante, y casi un ritual para hacer un alto durante las compras navideñas, que se puede acompañar, por ejemplo, con una tapita de riñones. Al igual que aquí, en el puesto de San Miguel también se pueden adquirir los platos para llevar.

En el caso del Mercado de Torrijos, Milagros Novo nos dice que su tienda es como “un Lhardy en pequeño” porque aquí toman el protagonismo los productos que tanta fama le han dado a la tienda original, esto es, sus pasteles, croissants, dulces, empanadas… todo lo que sale del obrador de pastelería. Está ubicado en el puesto 64 y ha abierto hace un par de meses.

El planteamiento de este mercado es diferente, pues, aunque también hay zona de restauración, en su caso abundan puestos de venta como los de toda la vida. Mantiene la esencia del mercado de siempre aunque ahora con una estética unificada, luminosa, más atractivos a la vista y abiertos durante todo el día. Una vez más, preparado para los nuevos tiempos y el nuevo consumidor. Pensando en él, la tienda de Lhardy cuenta con una pequeña barrita para comer en el sitio si se quiere, pues aunque domina la cosa dulce, hay ‘recursos’ de emergencia como sándwiches, quiches, empanadas… Eso sí, el postre merece un huequito. Y para casa, una bandejita de pastas de té.

Milagros lo reconoce sin tapujos, los efectos de la crisis han hecho mella en todos y, aunque su restaurante ha podido mantener precios, esta iniciativa empresarial supone evolucionar hacia lo que el público demanda, además de ser una estupenda vía comercial para dar a conocer la casa, probar los productos a los que tanta fama debe y, de paso, acercarse a unos potenciales clientes de Lhardy. Una casa con historia y enjundia culinaria que les espera con los brazos abiertos. JMara Sánchez