Necesarios, pero insuficientes

La sede de la Fundación Investigación y Desarrollo de la Escuela Superior de Hostelería de Sevilla (IDEHS) fue el escenario elegido para la celebración de su X Foro que respondía al nombre Nuevos campos profesionales de la carrera universitaria en hostelería. Durante la celebración de dicho foro, los ponentes José Luis Rodríguez, coordinador de Formación de Turismo de la Provincia de Sevilla; Beatriz de la Rosa, representante de la empresa JCI Selección Headhunter; Óscar Sánchez de Irunia, responsable de la Restauración de Isla Mágica; y José Marín, director de la Oferta Gastronómica del Parque, abordaron el tema de la existencia de numerosos puestos de trabajo, tanto en las instituciones, como empresas públicas y privadas, que deberían ser cubiertos por profesionales de la Hostelería pero que, no obstante, son ocupados por otros que acceden a ellos con diferente titulación, simplemente por el hecho de ser licenciados.

Cuestión de número
Los puestos de monitor de actividades, gestor de desarrollo local, informador turístico, responsable de alimentos y bebidas o responsable de alojamiento de un hospital, de una residencia de ancianos, de una residencia para estudiantes, etc., son algunas de las profesiones que, según los ponentes del X foro profesional del IDEHS, deberían estar destinadas a personal procedente de la hostelería. Pero ¿quiénes las ocupan? licenciados en económicas, derecho, turismo… perdiéndose por el camino las ventajas que acarrearía contar con un trabajador que dispusiera de la formación adecuada.

Por una parte, según indican desde la Escuela Superior de Hostelería de Sevilla, se pierde la posibilidad de contar con un miembro de la plantilla poseedor de conocimientos específicos del sector y de la labor a desarrollar, obtenidos gracias a su formación teórica y práctica. Por otro lado, tampoco hay que olvidarse del aspecto vocacional, dado que el trabajador con formación específica en hostelería ha elegido voluntariamente esta carrera, su estudio y su ejercicio, lo que se reflejara durante el desempeño de su trabajo y cuando trate con el cliente. En tercer lugar, la formación específica facilita la adaptación al puesto de trabajo, y enriquece el contenido del mismo en cuanto a habilidades y capacidades, con lo que la empresa deberá emplear menos tiempo en formar a la persona que lo desempeñe.

Pero, a pesar de la convicción que existe por parte de la escuela de la necesidad de contar con más hosteleros profesionales realizando ciertas labores, resulta difícil que esa necesidad se satisfaga en un plazo de tiempo relativamente corto. La razón, llega desde el propio centro docente y se reduce a una cuestión de cifras. Si estos puestos se ocuparan por profesionales del sector, se evitaría el intrusismo y la contratación de personal no cualificado, pero los números son incontestables: las instituciones (oficiales y privadas) forman cada año a unos 10.000 alumnos de Hostelería. Si se tiene en cuenta que ésta es la primera industria del país, que da trabajo a un colectivo más de doce veces mayor que esos 10.000, y la variedad de categorías profesionales y puestos que ofrece, los profesionales con formación específica no son suficientes: la oferta de puestos de trabajo supera la demanda y, en consecuencia, se cubre con otras especialidades. l