No es eso, no es eso

En fin, un universo de productos que, por el momento, salvadas honrosas excepciones, no dan la talla y dejan al cliente que desea huir del foodservice bastante frío ante la decisión de tomar otra opción, fruto de una mala atención, un alto ticket, tiempo excesivo en la realización del servicio o imposibilidad material de usarlo.

Sin embargo, tal como está el panorama actual en algunos segmentos del foodservice, a los clientes les quedan tres telediarios para que tomen la decisión de mirar hacia atrás y ver qué soluciones de comida encuentra en el canal super-hiper.

Y es que hemos entrado en una crisis sobre la autenticidad de lo que comemos, que puede tener perjudiciales efectos. En algunos restaurantes el cliente presenta un encefalograma plano en materia de experiencias sensoriales y emocionales, que sólo se reactivan cuando ve la factura de lo que ha pedido, y que, a veces, ni siquiera terminan de consumir por su deficiente acabado, difícil identificación de sabores, texturas… pese a las promesas que ofrece la carta o el personal de sala.

Caminamos hacia que un comensal se oriente en un restaurante a través de puntos cardinales tales como: comer de verdad, comer al menor coste, comer bien y comer a riesgo cero en el tiempo elegido. Cualquier elemento que lo tienda a desorientar permite la cuenta atrás de la oferta de meals solutions que intenta construir la industria alimentaria y distribuir el canal super-hiper.

Cambio
Y el warming up ya ha empezado: las tiendas de conveniencia se están poblando de productos ready y la familia del snacking está pasando de basarse en las chip y en las aceitunas y los frutos secos, a las ensaladas, pizzas, bocadillos y sandwiches, así como a repostería en mono-ración.

Casos de cadenas de productos listos para comer comienzan a adueñarse de parte de la oferta de restauración, pero con productos sin hidalguía; de una composición extraña y de unas características organolépticas aún más complejas.

Un caso, a modo de ejemplo, es el de los bocadillos lanzados por la industria, donde convergen en los lineales, productos envasados con algun gas inerte con otros de más corta caducidad. Allí se encuentran bollos preñados y sin preñar, roscas individuales y familiares y hasta un bocadillo de jamonilla, a un euro, con MDD que es un auténtico primor, si se quiere acabar con tan pujante sector.

Si el bocadillo está llamado a ser plato principal cuando la normativa sobre conciliación laboral y familiar se ponga en marcha (se dice que nos dejarán 45 minutos para almorzar), no es de recibo que ni en foodservice ni en retailing haya una oferta apropiada para cubrir la nueva demanda.

Vale que no podamos ponernos al nivel de Gran Bretaña en esta línea de productos, pero poseemos fabricantes de pre-cocido que se encuentran entre los mejores del mundo y una pléyade de argentinos, especialistas en pan de molde, de larga duración, con calidad suficiente para facilitar la elaboración de productos honestos, en lo que se refiere a cumplir con la triple S: sanos, seguros y sabrosos.

Unir esfuerzos
Hay que unir los esfuerzos de investigación del retailing y del foodservice para llegar a homogeneizar la oferta y preparar a la clientela, para que no note grandes diferencias entre lo que come en los restaurantes y lo que come en el hogar, al menos en una línea concreta de snacks y de platos listos para comer.

Si tal como parece el gap existente entre ambos estadios de suministro de comidas no se reduce, entonces tendremos que hacer buena la profecía del profesor Contreras, de la UB, respecto a que está creciendo la “economía de la fiambrera” y existirá una vuelta a cocinar en el hogar para consumir fuera del hogar, logrando un lost-lost en vez de un win-win, en lo que concierne a que ganen todos.

Sería recomendable que más chefs de cocina se acercaran a las plantas piloto de las industrias alimentarias que quieren desarrollar productos para foodservice, como también -y eso ya se está produciendo- algunos expertos en la tecnología alimentaria se incrusten entre las plantillas de cocina y en los obradores de las empresas de restauración.

El lenguaje y la comunicación se haría más sencillo entre proveedores y operadores, logrando que nuestros clientes se sintieran tan cómodos ante los lineales de los supermercados como en las salas de los restaurantes.l