Nuevo vuelo para Zorzal

Tres años han pasado desde que el restaurante Zorzal abriera sus puertas en la madrileña calle de San Bernardino. Hoy las circunstancias han cambiado: el establecimiento se ha trasladado a la céntrica calle Eduardo Dato, en el Barrio de Chamberí y ha comenzado a volar en solitario, desligándose de la tutela de Fernando Pérez Arellano, ocupando el emplazamiento que antaño fuera la sede de Zaranda.

Así, comienza una nueva etapa en cuanto a la ubicación y decoración se refiere, aunque su objetivo en cuanto a la actividad sigue siendo el mismo con el que comenzaron: ofrecer buena comida a su clientela –mucha de ella ya fiel seguidora; tanto, que incluso han seguido a Zorzal a su nueva ubicación a fin de continuar disfrutando de sus platos. Al frente de los fogones del restaurante se sitúa Javier Lafuente (allí desde 2009), que se ha convertido en el máximo responsable a la hora de garantizar que el cliente del restaurante vea cumplidas sus expectativas gastronómicas. A su excepcional trabajo se suma el de Sergio Mayor como jefe de sala, acompañado por un equipo de profesionales que tienen, todos ellos, la misión de que todo salga perfecto.

Mejoras como la zona en la que se encuentra el restaurante, la distribución del mismo, la amplia cocina o la cuidada selección de menaje son nuevos alicientes para seguir sorprendiendo, día a día, a todo aquel que traspase el umbral de su puerta.

Tradición y producto
Pero otra cosa que no ha variado demasiado en esta nueva etapa es el enfoque de su cocina, para la que Zorzal apuesta por platos tradicionales, basados en una excelente materia prima. Es una vuelta a la cocina de siempre a la que Lafuente aporta sus toques personales y una combinación de sabores, siendo, en todo momento, el producto el absoluto protagonista. La carta comienza con una selección de entrantes convertidos en clásicos del restaurante como las croquetas de jamón ibérico o los buñuelos de bacalao, para continuar, sobre todo de cara al verano –si es que alguna vez se decide a llegar-, destacan platos como la ensalada verde, comté cremoso y avellanas o las verduras, consomé de jamón y albahaca. Otra opción, son los arroces, como el mantecado de colmenillas y espárragos verdes, que conquistará a los fieles de este cereal.

Los amantes de los platos de cuchara pueden decantarse por el excepcional cocido en dos vuelcos, en carta desde la apertura, o el judión del Barco estofado con morros de ternera. La oferta continúa con una selección de pescados como la corvina, tomates secos, aceituna negra y berenjena, la raya meuniere, alcaparra y alcachofas asadas o el mítico “all i pebre” de anguila. En el apartado de las carnes, Zorzal ofrece, entre otras, dos recetas típicas de la capital callos a la madrileña y rabo de toro, mousselina de patatas y espinacas. Y en cuanto a los dulces, la estrella de la casa son las torrijas de brioche caramelizadas con helado de tomillo.

Quienes visiten el nuevo Zorzal se encontrarán ante un local clásico y elegante con grandes ventanales que llenan de luz el salón ahora que los días se alargan. Los numerosos elementos de madera, como las vigas, columnas y el imponente portalón de la entrada, le dan cierto aire rústico que contrasta con detalles modernos como los cuadros abstractos. Las mesas, separadas con una notable distancia, son amplias y están cubiertas por manteles que llegan hasta el suelo, y las sillas, cómodas y sencillas, invitan a una larga sobremesa con un sugerente combinado de su carrito de bebidas. El restaurante está dividido en dos plantas, pero con mayor capacidad que el anterior, ya que puede albergar hasta 50 comensales.