Oporto, ruta gastronómica por la Avenida Boavista

La iniciativa privada, en especial del sector de la hostelería, arriesga también, pero con capital propio. Y es precisamente en esta calle (Avenida Boavista), que llega mansamente hasta el mar, donde más se evidencia el riesgo asumido por empresarios del sector, grandes y pequeños. Desde su inicio se pueden contar hasta dieciséis establecimientos de hostelería, con reminiscencias francesas en algunos casos, como el Bull&Bear, pasando por propuestas étnicas (indio, chino o japonés), fast food, hasta darse de bruces con las omnipresentes brasas en las que se doran platos tradicionales de la gastronomía lusa como el bacalhau (bacalao) o la vitela (carne de ternera).

Siguiendo la dirección de la calle hacia su culminación en aguas del Atlántico, el primer encuentro tiene lugar en el apuntado Palacio de la Música, un espectacular edificio diseñado por el arquitecto holandés Koolhas que, en su parte más elevada, alberga un restaurante tan atrevido como el resto del conjunto. Con un toque muy de la costa este norteamericana busca la complicidad del gran público con propuestas de mediodía a precios atractivos (menús por doce euros) y el encanto de la noche, gracias a una iluminación del local muy cuidada. El primer gran aviso se produce en 'L Fresco, un local muy in en el que la chef local Celia Sousa propone un amplio menú por 55 euros que juega con platos procedentes de distintas culturas gastronómicas. Desde un Block de foie con reducción de Porto al que siguen unas Vieiras salteadas en aceite de trufa; Bacalhau (cómo no) confitado, Rissoto de cogumelos, Carré de Borrego (cordero) con legumbres y una sorprendente Trilogía de sobremesas. El listón baja varios puntos cuando damos con el San Remo, pero no la calidad. Cafetería-restaurante en la que se dan cita los residentes de la zona, permite contemplar no sin asombro que aún se puede tomar un cuenco de Sopa de legumbres por un euro con treinta céntimos.

Alojamientos de calidad
El mundo del alojamiento ha hecho suya desde hace un cuarto de siglo esta Avenida. Hoteles como el Ipanema, Le Meridien, el Porto Palacio y más recientemente el Porto Sheraton se sienten en la distancia. Y con ellos nuevos restaurantes. La propuesta más genuina ha partido desde el Porto Palacio que, bajo la recepción, ha creado un ambiente gastronómico al gusto de prácticamente todos los paladares. Si el visitante gusta de la pasta, ahí está Grappa (pastas y pizzas con precios que van desde los nueve a los quince euros); si se prefiere la cocina japonesa, Gosho, si lo que se anda buscando es la fórmula más francesa, Le Coin, y si el tiempo apremia, Vita Pura. A pie de calle está la cervecería Porto Beer, en el que se pueden degustar desde unas Gambas salteadas, un Arroz de Tamboril y el repetitivo Bacalhau.

Frente a este hotel se encuentra uno de los iconos de la segunda ciudad de Portugal: el Hotel Le Meridien. En su restaurante, Le Pouvron Rouge (el Pimiento Rojo) trabajó la chef portuguesa Anabela Gonçálves y su homólogo francés Jean-Yves Poirey, entre otros. La cocina se mueve siempre entre dos aguas, o mejor dicho, entre dos tendencias, la lusa y la gala, de ahí que la gala premie dos estilos con platos como Sopa de Peixe da rocha, Magret de Pato y ofertas algo más internacionales (llegadas de las ex colonias portuguesas) como el Chutney de manga e jengibre.

En el callejón situado a la derecha de esta mole de quince pisos está Mendi, un restaurante indio desde el que se inicia un recorrido muy étnico que nos conduce desde Nueva Delhi hasta Pekín, gracias al restaurante La Muralla y Tokio, de la mano de Nigiri. Tres restaurantes, tres cocinas orientales que dan idea del peso específico que está jugando Asia en el Viejo Continente, que sigue echando mano del éxito que durante décadas le ha proporcionado la cocina italiana, aunque en esta ocasión su representación tenga nombre de gran cadena de comida rápida.

A partir de este punto la Avenida Boavista realiza una travesía en el desierto de algunos centenares de metros hasta dar con la Fundación Serralves donde se puede comprobar la apuesta de modernidad que tanto necesitaba este urbe de singular encanto. La dirección del Museo de Arte Contemporáneo de Porto ha seguido fórmulas ya habituales al otro lado de la frontera, logrando combinar dos manifestaciones artísticas que cada vez gozan de mayor aceptación en una simbiosis fascinante: pintura, escultura, vídeo y fotografía con restauración
El resultado no es otro que una cafetería bulliciosa de día que a la caída del sol se transforma en un restaurante íntimo, con influencias claramente orientales, donde lámparas de baja intensidad iluminan tenuemente cada una de las mesas de este singular espacio. La música de Billie Holliday o Paolo Conte y la cartelística de Marilyn Monroe o Andy Warhol desorientan por unos momentos al cliente antes de dejarse seducir por la carta elaborada por el chef Miguel Teixeira, quien ha diseñado platos de clara influencia portuguesa (bacalhau confitado em azeite), con propuestas atrevidas con el gusto portugués (mini tornedós de avestruz).

En paralelo existen tres alternativas en forma de menús degustación (40, 30 y 20 euros) con combinaciones sugerentes. Deslumbran los postres, especialmente el sugerente Tributo de amor, a base de frutas rojas heladas, verdadero chocolate negro y bizcocho. Un placer. La bodega, abundantísima, la componen 40 referencias ( 20 blancos y 20 tintos), la mayoría caldos portugueses, aunque también se pueden encontrar vinos españoles, franceses y ¡australianos!. La mejor elección viene de los primeros. Muy recomendable es el Convento de Tomina, de la zona del Alentejo.

El punto final se llama Bull&Bear, en la zona financiera de la Avenida, justo al lado de la sede del Banco Santander. Junto con 'L Fresco lo más vanguardista del panorama gastronómico de esta ciudad amada y detestada a partes iguales. l Alfonso Basterra.