Sentido y sensibilidad en el servicio

En África, despiertan las gacelas a las cinco de la mañana y empiezan a correr, correr y, correr, con el instinto de que tienen que comer y no ser comidas.

Algo así le pasa a todo el mundo con su trabajo.

Ahí quizás esté la clave, que estos animales conocen su habitat, pero en el mundo del ser humano a veces esto se complica.

Haciendo un pequeño recordatorio acerca de nuestro país, decir que: somos un país de servicios y que más de 4.000.000 trabajan directamente en la Hostelería y el Turismo, de ellos 1.500.000 en la especialidad de Servicios de Restaurante, bar, cafeterías, etc. cerca de 800.000 en Cocina y el resto en otros departamentos del Sector. En España con 45.000.000 de habitantes existen 130 Escuelas de Hostelería, otro país cercano como es Francia, tiene 340 Escuelas. Sí, ya sabemos que ellos son más. Cerca de 60.000.000, pero sin embargo dedican mucho esfuerzo al empeño de que son los punteros en el Servicio, por todo el apoyo que les respaldan las propias instituciones.

Nosotros, y digo “NOSOTROS”, en mayúsculas, aun no nos hemos dado cuenta, que somos un país de Servicios dentro de Europa y para el resto del mundo.

Siempre que se habla de HOSTELERÍA, parece que es de unos pocos y somos más de los que pensamos, pero la sociedad se resigna a declinarse por estas profesiones que tan felices hacen a muchas familias o por lo menos de esto VIVEN.

En plan anecdótico, contaré algo que me sucedió y, hay muchos espejos iguales o similares a este:
Me acerco a un bar de copas y la señorita que me atendía, con mucha simpatía, me pregunta. ¿Qué desea tomar? Una cerveza contesté yo. Al rato la pregunto ¿trabajas en esto desde hace mucho tiempo? Su respuesta súbita. No, solo una semana, pero lo mío no es esto, yo soy historiadora.
¡Ah! Entonces, contesté yo. Bueno, para sacarte un dinerillo… Afirmó con la cabeza y ahí quedó eso.

Pasaron 3 o 4 meses y pasé por aquel establecimiento y me la volví a encontrar allí. Sus contestaciones seguían siendo las mismas. No he encontrado nada de lo mío y sigo aquí, aunque esto no es lo mío, contestó de nuevo.
¡Ya, ya! Respondí yo.

Al tiempo, no se si un año más o menos, de nuevo me la encontré en el mismo local y una vez que había pedido mi consumición, le comenté, ¡pero aun sigues aquí! Y me respondió. Sí, porque aun no he encontrado nada de lo mío. Bueno, contesté, pero, entonces vives de esto ¿no? Sí, pero lo mío no es esto(con desprecio) y, aquello me dolió.

Que una persona que está trabajando tanto tiempo en algo que no es lo suyo y que lo desprecie así… quita valor a la profesión.

Tenemos que quitarnos la máscara, porque todo trabajo de una forma u otra, es enriquecedor, siendo todos tan dignos como el del vecino y, si no ¿de qué vivimos?
Pasa igual con el trabajador de horario de oficina u horario comercial, que termina, se toma una copa, refresco o lo que sea, incluso algunos se echan su partidita, pero llegan a casa a la hora de cenar y todo bien. “Vienen de trabajar”.

En cambio como en Hostelería los horarios son distintos alargándose hasta altas horas de la noche, cuando finalizan, tienen las mismas necesidades en cuanto a ocio se refiere que el resto.

Entonces ¿por qué no le damos el valor que tiene a nuestra profesión?
Ya para terminar, pongamos más profesionalidad a lo nuestro, más conocimientos, más saber hacer y mucha sensibilidad.

Tenemos muchos clientes aun por atender y podrán repetir y decírselo a más gente, que en España lo hacemos bien.

Pero seamos como las gacelas, no paremos de correr, correr…
Y haciendo las cosas bien.