Treinta años de entrega a la decoración

Pascua Ortega es un todoterreno de la alta decoración, el diseño y el interiorismo. Ha dejado su sello en más de quinientas casas particulares, embajadas, y hoteles como el Adler o el Hesperia de Madrid y varios Paradores. Incluso fue el encargado de engalanar las calles de Madrid con motivo de la boda de los Príncipes. Iba encaminado a ser un tiburón de las finanzas pero su sensibilidad, su creatividad y su afición por el color, la luz y las formas lo llevaron a ser lo que hoy es.

Hijo de una acomodada familia burguesa catalana se decantó por el derecho y la economía en sus estudios universitarios. Sus primeros pasos profesionales estuvieron dirigidos al mundo de la banca, trabajando en Nueva York. Allí comienzan sus pinitos en el mundo de la decoración. Pronto toma la decisión de abandonar su carrera en las finanzas para meterse de lleno y hasta el fondo en el mundo que desde pequeño le había apasionado y se establece definitivamente en Madrid donde crea en 1977 su Estudio de decoración e interiorismo. Hoy situado en el barrio madrileño de El Prado, en un edificio singular de mediados del XIX que, como no podía ser de otra manera, ha sido rehabilitado por sus propios medios.

En opinión de Ortega, la experiencia es un grado y es uno de los puntos que hoy diferencian su estudio junto con la calidad, la confianza y la voluntad de buen hacer que atestiguan más de treinta años de carrera ligada a la alta decoración. Casas de gente guapa, edificios oficiales, discotecas, hoteles o restaurantes de todo tipo han pasado por sus manos. En hostelería ha firmado trabajos como el Hotel Palafox de Zaragoza, el Adler y el Hesperia de Madrid, el Villa Oniria de Granada, el restaurante Horcher de Madrid o el del Teatro Real. Cada proyecto es un mundo y tiene sus particularidades. No se decanta por ningún material concreto sino que elige “los que den más calidad e identidad al espacio y a la vez sean cómodos y prácticos”.

Transmitir sensaciones
Pascua Ortega observa todo lo que hay a su alrededor, absorbe lo que ve y transforma los espacios para que transmitan sensaciones y a la vez se adapten a las necesidades concretas que, evidentemente no son las mismas en un espacio público que privado. “En un hogar, lo importante es que los espacios se adecuen a la forma de vivir, las necesidades, los gustos y el estilo del cliente. En cambio, un restaurante es un negocio y como tal entran en juego otros factores como el público, el horario de apertura, la ubicación, las necesidades del propietario y la eficacia comercial, además de los mejores criterios estéticos”, explica Pascua Ortega. Satisfacer a clientes tan dispares no es sencillo pero para él “ellos siempre tienen la razón, aunque a veces hay que ayudarles a encontrarla”, puntualiza. Su “modus operandi” comienza con unas entrevistas de toma de contacto, después se elabora un anteproyecto que se muestra al cliente y más tarde, el proyecto definitivo que se le entrega. Una vez todo está conforme, se ejecuta y se coloca hasta el último detalle.

Cuando se habla de lo último en hostelería a nivel mundial, para el veterano interiorista hay que volver la vista inevitablemente a Shangay, Dubai, Berlín, Milán y Nueva York. En Madrid lo que últimamente se ve en establecimientos hosteleros es “mucha cerámica, papeles textiles o vinílicos, iluminación de acento y cocinas que dejan ver la elaboración de los platos a los comensales”.

Aparte del estudio, Ortega viene desarrollando desde hace años, labor docente en el Master de diseño y arquitectura de interiores de la Escuela técnica superior de arquitectura de Madrid. Ha participado además como conferenciante en multitud de seminarios y encuentros como los Cursos de verano de El Escorial.

En 2002 se creó un Premio Pascua Ortega para estudiantes de arquitectura de interiores que este año se entregará en junio. l
www.pascuaortega.com
Elia García