Un placer en horizontal

Una vez oí en la tele decir a Arguiñano algo así como que la cocina es el mayor placer en posición no horizontal. Laydown demuestra que ambas cosas son perfectamente compatibles. Los elementos más llamativos son las enormes camas blancas e inmaculadas distribuidas en la planta. Sirven para que el comensal, igual que un emperador romano, pueda degustar desde una postura horizontal lo que la cocina de Laydown pone a su disposición. En cada una de ellas, con capacidad para tres o cuatro personas, hay cojines y una pequeña mesita en medio, para depositar los platos. No se trata de meros adornos, ni de lugares únicamente de reposo.

Los promotores, Juanma Cortés, Nacho Fernández y Pepe Fernández, se inspiraron, reconoce éste último, en un local de Amsterdam. “Yo era cliente de ese sitio y quería hacer algo parecido. En esa posición se pierden las composturas, se consigue una actitud de apertura hacia lo que te pasa y favorece el disfrute”.

Experiencia
Los tres socios crearon el proyecto y posteriormente se lo presentaron a unos inversores que creyeron en ello. De estos ocho inversores, algunos tienen ya experiencia en el mundo de la restauración, mientras que dos de los tres artífices de la idea habían trabajado en el mundo de la noche.

Sin muchas pretensiones, la carta, que consta de unos veinticinco platos, está compuesta de sabores mediterráneos con toques de autor, como “Queso frito con virutas de patata y salsa de especias” o “Raviolis de rúcola y bacon con crema de limón”. El menú a mediodía está fijado en once euros más IVA, y por las noches a treinta. Pero en este último caso el “plato fuerte” está fuera de la carta. A diario (excepto los lunes que permanece cerrado), aquellos que cenan en Laydown (de 9,30 a 12 p.m.) pueden disfrutar de algo más que comida: música en vivo, representaciones teatrales, magia, danza, etc… con guiños entre comida y espectáculo. De hecho entre los veinticuatro empleados del local, dos de ellos – Alberto Rubio y Jaime Zataraín – tienen asignada la dirección artística y se encargan de programar cada noche.

Copas
“Como local de copas también funciona”, dice Fernández. De martes a jueves, un DJ se encarga de pinchar música desde que termina el espectáculo y la cena hasta las 2,30. Los fines de semana, la juerga se alarga, y en este caso es el DJ residente el que decide qué se oye en el local. En un momento determinado puede ser música electrónica; en otro, pop; o música disco… Eso sí, la animación va “in crescendo” a medida que transcurre la noche. De acuerdo con Fernández, la mitad de la gente que el fin de semana viene a cenar, se queda; el resto, llega más tarde a tomar unas copas. A la izquierda del establecimiento, hay una zona de mesas para aquellos que no se acostumbran a comer echados sobre una cama. Se recogen para habilitar como pista de baile. Los leds que conforman la iluminación, dan el toque de color oportuno y entonces la diversión nocturna está servida.

Pero si hay un color, que define a Laydown, ese es el blanco. Por lo menos en lo que respecta a la planta baja porque subiendo las escaleras encontramos unos cuartos de baño en rabioso rojo, además del ropero y los camerinos para los artistas.

La idea de los socios de Laydown es abrir en otras ciudades en un futuro. “Con tranquilidad y prudencia”, puntualiza Pepe Fernández, quien aclara que la franquicia de momento está descartada. “No es un producto muy enlatable”, asegura. l

Jefe de cocina: Alfredo Gómez
Sala: M. Jesús Martín
www.laydown.com