Un valor que se da por supuesto

Los propios establecimientos, sobre todo los que responden a fórmulas modernas, cuidan con mayor esmero la limpieza del local… aunque solo sea por imperativo legal. El año pasado destinaron 180 millones de euros a productos químicos de limpieza.
Las dudosas prácticas observables en casi cualquier bar tradicional o incluso en algunos locales de comida rápida, más veloces muchas veces en limpiar que en servir, hacen pensar que la higiene y la limpieza son todavía una asignatura pendiente en algunos formatos hosteleros de nuestro país. Las cadenas de restauración más modernas o los restaurantes suelen subcontratar las tareas de limpieza a empresas especializadas en ello, pero todavía queda un importante número de establecimientos que lo hacen directamente y no siempre con la mejor calidad.
La limpieza industrial es uno de los escasísimos sectores que, a pesar de la grave situación de deterioro económico vivida en el último año, ha seguido incrementando su volumen de negocio. La consultora DBK calcula que el año pasado este sector alcanzó una facturación de 8.310 millones de euros, un 6% más que en 2007. Para este año la estimación es que el crecimiento se frenará ligeramente, quedando en un 4% más, una tasa que, en cualquier caso, resultaría envidiable para cualquier otro negocio en la actual coyuntura. La consultora pone de relieve que tal expansión empresarial y la creciente externalización de servicios auxiliares es una excelente oportunidad de negocio para cooperativas laborales y otras fórmulas similares, sobre todo en sectores como la hostelería.
Con este panorama las empresas de limpieza intentan mantener las ventas y ven en la contención de costes, especialmente los referidos a la mano de obra, una de las mejores vías para preservar o incluso incrementar su rentabilidad.
Excepto algunas compañías grandes de ámbito nacional e internacional y aquellas otras de un considerable tamaño mediano, pero con un campo de acción geográfico más reducido, el sector de la limpieza industrial se caracteriza por la atomización de la oferta. De este modo, según el Instituto Nacional de Estadística, en 2007 operaban en nuestro país más de 20.944 empresas de servicios de limpieza industrial, de las que sólo 1.742 cuenta con más de 20 empleados y sólo diez grupos superan los 60 millones de euros de facturación. Algo más de un tercio de las empresas de limpieza se concentran en Comunidad de Madrid (3.755) y Cataluña (3.322), donde también tienen sede y gran parte del negocio los principales operadores. Entre los grandes operadores nacionales encontramos a Clece (filial de ACS), ISS, Eulen, Eurolimp, grupo Pilsa, Clarosol, Cliner y Rentokil. FCC división de limpieza. etc.
Correspondan a uno u otro modelo corporativo, las tendencias de las empresas de la limpieza industrial en nuestro país pasan por la profesionalización del personal, buscando conseguir una eficiencia que ahorre costes superfluos y, al mismo tiempo, reduzca hasta el mínimo posible los riesgos laborales asociados a la actividad.

Atomización industrial
Junto a los proveedores de servicios, en el negocio de la limpieza actúan los fabricantes de productos y equipamientos para estas tareas. De la misma manera que sucedía entre los prestatarios de servicios de limpieza, en este segmento conviven desde grandes empresas multinacionales, tanto especializadas en productos químicos, como Ecolab o JohnsonDiversey, como en equipamiento específico como IPC Cleaning o Karcher. Todas ellas disponen de catálogos que incluyen todo tipo de productos, desde los superespecialiazados en determinadas superficies o equipos hasta los limpia-todo. Junto a estos grandes conglomerados, operan empresas de tamaño mediano y ámbito nacional o regional, del tipo de las catalanas Proquimia y Sucitesa o la madrileña Adial.
Los operadores en el sector de la limpieza, sobre todo los fabricantes de producto, dedican un esfuerzo inversor importante al apartado de I+D, buscando formulaciones cada vez de más segura manipulación por parte del personal y que, de alguna manera, se atengan a las tendencias de ecología y sostenibilidad medioambiental que hoy recorren toda la sociedad. La formación del personal propio, así como eventualmente de sus clientes, constituye también un aspecto importante de la operativa de estas empresas, ya que la sofisticación del equipamiento e incluso de algunos productos reclama una cierta destreza en su empleo para obtener un rendimiento óptimo.
El proveedor multinacional de equipos y productos de limpieza Kaivac publicó en su boletín mensual de abril de este año los resultados de una encuesta realizada a sus clientes sobre cómo miden la efectividad de la limpieza. Los resultados del estudio indican que la mayoría de los profesionales de la limpieza todavía no usan mediciones científicas para determinar la efectividad de la limpieza; así, casi un 30% de las personas que respondieron que miden la efectividad de sus programas de limpieza lo hacen por “la vista general de las instalaciones basados en la apariencia, el olor, etc”. Una cuarta parte afirmó que su juicio se basa en la respuesta de sus clientes.
Los que sí utilizan sistemas de medición, un 45% del total, se dividen a partes iguales entre los que emplean sistemas de monitorización rápida, los que prefieren los análisis efectuados por un distribuidor de productos higiénicos y los que se atienen a la evaluación realizada por supervisores y el propio personal de limpieza.
Refiriéndose a los resultados de la encuensta, Matt Morrison, el director de Comunicación de Kaivac, manifestó que ”todos sabemos que no puedes gerenciar lo que no puedes medir. Me hubiera gustadohaber visto más gente usando métodos cientñíficos para determinar la efectividad de la limpieza, pero debe recordarse que la tecnología ATP (tests para el control de higiene) y otros sistemas similares son aún relativamente nuevas para la industria.”l