Una tarta que no crece

Si todo eso es cierto, es imposible que las cifras del sector de restauración colectiva sigan ofreciendo un raquitismo, en cuanto a su crecimiento se refiere, propio de país tercermundista. Y es que si observamos cómo se están re-equipando las empresas de restauración social, cómo mejoran sus niveles de servicio y cómo las de tamaño mediano compiten con los líderes del sector, en materia de clientes locales, lo cierto es que nos fallan las estadísticas. Sobre todo si continúa la tendencia a la externalización de los servicios de alimentación en las colectividades públicas.

Ante tanta dificultad para disponer de transparencia de cifras en este sector, hay que aplaudir el deseo de varias instituciones del sector de la alimentación y la hostelería, de solicitar del MAPA que las encuestas que pasa a las empresas del sector de la alimentación fuera del hogar, contenga una muestra representativa de la alimentación colectiva.

Así, y sólo así, podremos congratularnos del cambio de tendencia que se percibe en estos últimos meses, en los que la restauración colectiva está dejando de ser la cenicienta de la alimentación fuera del hogar y convirtiéndose en un sector puntero de la misma, con fundados sistemas de calidad y seguridad alimentaria, modernos equipamientos, mejores servicios y, lo que es más importante, convirtiéndose en un serio competidor de la restauración comercial.

A los hechos nos remitimos.