¿Y si hay crisis?

Que se trata de una desaceleración es algo asumido y reconocido a estas alturas por todos. Las divergencias aparecen cuando se trata de determinar el calado y la duración de este ciclo.

Mientras los poderes públicos nos rebajan poco a poco las previsiones de crecimiento, la desaceleración, de la que aún no se vislumbra el fin, ha traspasado las paredes de la construcción y comienza a afectar a sectores relacionados, como la venta de electrodomésticos.

Y la subida de los precios, no favorece en nada la activación del consumo, especialmente de los alimentos. Como muestra, el consumo de cerveza ha cedido cinco puntos per capita en 2007.

Así las cosas, el panorama que se presenta en la hostelería es, cuanto menos, incierto.

La palabra crisis aterra al personal. No es de extrañar. Por mucho que los expertos se esmeren en explicar que estos periodos son tan naturales como los inviernos, el reajuste de los mercados es traumático, fundamentalmente para el reajustado.

Sin embargo, es algo intrínseco a nuestro modelo económico. Y, si hay crisis, el segmento de la hostelería, como todos, se verá afectado: reforzará el liderazgo de los profesionales más solventes, expulsará a aquellos agentes que hayan cimentado su experiencia en la mediocridad y permitirá la entrada de nuevos sujetos, lo que ayudará a dinamizar aun más el sector.