A las trincheras

Todo lo contrario. Soplan vientos de cambios en el sector y la revista debe anunciar también cambios. Servidor ha decidido que el primer paso sea que desaparezca esta sección, lo que me permitirá concentrar mis esfuerzos en la creación de nuevos epígrafes y contenidos dentro de esta revista. Y es que pese a tanto halago, uno no está satisfecho con los resultados. Me siento como esos atléticos deportistas que se han quedado en cuarto lugar, sin subir al podio, cuando se esperaba más de su actuación.

Y eso que, en este quinquenio, he dispuesto de la magnífica atalaya que supone esta revista, practicado consultoría estratégica, promovido la innovación tecnológica, formado cuadros directivos, editado catecismos… e incluso he puesto algunas picas en Flandes difundiendo, más que nadie, quienes son los start-up de la restauración moderna en España, allende fronteras.

Pues bien, no veo que ni las rigideces estructurales que hace cinco años atenazaban el sector hayan desaparecido ni que el necesario manpower (ya no quedan “contis” y habrá que echar mano de los ingenieros de la industria del automóvil) que precisa haya mejorado notablemente de nivel.

Llego a estas conclusiones, además, después de leer el sustancioso escrito que mi amigo Gustavo Ron ha dedicado a la revista. Sus sinceras reflexiones, no exentas de interpretaciones plurales, tras la lectura con prestadas gafas de algún agente del CSI, dejan sobre el parquet dos llamadas de atención tan preocupantes como recurrentes: la opacidad estadística que al parecer conviene a todos, menos a él, y la ignorancia institucional sobre los valores intrínsecos y la propia identidad del sector, muchas veces travestido mediante gafas de sol, chancletas, paella y sangría.

Sigue pendiente pues una profunda revolución en el sector. Y esa va a llegar ahora. No desde los grupos ya establecidos, sino de las nuevas generaciones de profesionales que al no poder contar con entramados financieros, cuyas cuadernas están chirriando y más que van a chirriar, simplemente van a triunfar por la credibilidad con la que van a contar entre quienes han sido, son y serán los principales justicieros del culebrón: los componentes de esa demanda que, cansados de las insensateces de algunos operadores de restauración, prefieren las soluciones de comida del canal super-hiper para yantar y el igloo biplaza para pernoctar en sus momentos de esparcimiento y ocio.

No me sirven los nuevos boticarios que se están creando pócimas y recomendando recetas, para curar las heridas de la crisis, con el único fin de colocarse en plantilla. Hay que bajar a la arena, coger el petate y el fusil y cual Benicio del Toro cavar trincheras y defender las posiciones: Para transmitir ilusión y persuadir del abordaje de iniciativas que generen valor, con nuevos profesionales que esgriman en una mano un termógrafo, aunque en la otra lleve una palm, con software financiero, sin olvidar una permanente sonrisa en sus labios.

Porque el cliente, antes, durante y después de la crisis, sigue esperando un cambio profundo. Y no lo verá sino cambian las estructuras del sector.

Aunque sólo sea para que, nuestros dirigentes, sepan lo que cuesta un café.l