Adiós a la mediocridad

En las comidas en las que antes se bebían dos botellas de un vino normal ahora la tendencia es a pedir una sola de mayor calidad. De esta forma se reduce el consumo de alcohol y se ajusta el precio final de la bebida, algo que parece que empieza a preocupar seriamente al consumidor patrio.

Decía José Luís Marauri, quien fuera presidente de Bodegas Riojanas en la época en la que el Banco de Santander reinaba sobre sus cubas, que “en época de crisis, el español tiende a beber vinos más caros”.

Las cosas han cambiado mucho desde entonces. Hoy las bodegas españolas viven sus mejores momentos en cuanto a la calidad de su producción. Se hacen caldos magníficos a lo largo y ancho de nuestra geografía. La excelencia ya no es patrimonio de un par de regiones. Las nuevas técnicas de elaboración permiten que Baco toque con su gracia casi cualquier territorio en el que se cultivan vides. Lugares de los que hace tan sólo algunos años no nos habríamos atrevido ni a oler sus productos.

Hoy los bodegueros deben decantarse entre hacer caldos de calidad o luchar en el mercado del vino de batalla, donde se vende cantidad al menor precio. Parece que aquellos que quieren nadar entre la calidad y la cantidad con precios poco competitivos tienen sus días contados en lo que a hostelería se refiere. Otra cosa es lo que cada cual esté dispuesto a pagar por beber en su casa.