Asimetrías preocupantes

Cosa que no sucede en el apartado de la industria alimentaria y su gran cliente, por el momento, la distribución comercial, inmersos ambos en debates sobre su porvenir, según opten por las marcas de unos u otros.

Así pues, la restauración en Alimentaria posee dos eventos singulares, donde este año El Cocinero del Año (capaz de aplicar su fórmula nada menos que en Alemania) se ha comido (y nunca mejor dicho) a BCN Vanguardia, prometiendo ser la punta de lanza del grupo de empresas que opta por responder a las inquietudes de aquellos profesionales de cocina que, salvo uno, no serán nunca tan mediáticos como los del otro evento, pero que sustentan la demanda de parte de la oferta de los proveedores, tanto de alimentos y bebidas como de equipamientos y servicios.

Sin reuniones
En cambio hay una preocupante ausencia de reuniones de directivos y cuadros intermedios del sector de restauración, cuando de todos es sabido que, al menos en la restauración moderna, ya no sólo compra Compras, sino también I+D+I, Calidad, Marketing, Operaciones… Y no me sirve que se pueda contra-argumentar que existen a lo largo del año congresos y jornadas, como los que organiza anualmente esta revista, para colmar cierta contribución a la demanda de conocimiento de esos profesionales. No es lo mismo.

Y no es lo mismo porque nunca un congreso suplirá la virtud coral de Alimentaria y su riqueza en materia de oferta. Ésta está preparada para atender a clientes y no clientes, aunque se eche a faltar en los stands ese responsable de grandes cuentas de hostelería o un jefe de foodservice -que, o no existe en el organigrama o que está pendiente de ser ofrecido por un head hunter; especialista que las pasa moradas para poder cerrar más de un dossier sobre este tema-.

Apreciación que no es vana, pues algo similar sucede en los centros universitarios y escuelas de negocios, donde sus programas poseen importantes carencias en materia de formación sobre el manejo de nuevas herramientas de gestión para restaurantes, hasta tal punto que la web del profesor Vallsmadella, se está erigiendo como el mejor recurso para avanzar en esta materia.

Y a los hechos me remito. Si bien en Barcelona hay capacidad de respuesta a ir incorporando módulos, con interesante contenido, sobre gestión de la restauración en cursos y masters (tal como constato personalmente, a través de mi presencia como profesor invitado en la UB, Ramón Llull, UPC, Autónoma…) al igual que en Sevilla o Valencia, en cambio en Madrid sigue predominando una formación más culinaria que dirigida a directivos de restauración.

Ojalá el nuevo proyecto del BCC en Euskadi, no se olvide de paliar gaps como el que, en estas líneas, destaco.

Y vuelvo al principio. Si los centros de enseñanza y conocimiento no quieren proponer soluciones a la angustiosa falta de formación de profesionales en materia de gestión de restauración, bien podrían las ferias, como Alimentaria, ahora que este tipo de herramienta de marketing está en horas bajas, ser proactivas en cuestión de encuentros y reuniones, más allá de las que se suceden en los stands. Aunque fueran en plan de maitines.

Recomendación que tiene como base la peculiar evidencia en esta edición de tan magna feria de los encuentros y pláticas que se han sucedidos en los pasillos entre empresas que no poseyendo stands se han apostado en lugares clave de los pabellones para hacer su agosto, con un resultado coste/contacto inigualable, por cualquier hoja de ruta que la organización de la feria haya trazado.

Que son muchas y buenas.