EL BOCADILLO DEL AÑO

De hecho se había pasado a ultima hora una nota avisando de que se pondría especial énfasis en los escandallos de los productos y la importancia del pan utilizado. Los concursantes respondieron con la pasión de los mejores profesionales: prueba de ello es que el presidente del jurado, ante el fallo comunicado sobre el ganador, tuvo que informar a los concursantes que se creían con meritos para vencer acerca de las peculiaridades que les han supuesto no alcanzar la puntuación del vencedor.

Y éste fue un novel pero con pedigree. Avalado, por no decir preparado por su colega Carlos Fernandez, que ya había concurrido el año anterior, Juan Jiménez Gallego se alzó con el premio “El Bocadillo del Año” 2010, gracias a la elaboración de un panecillo con semillas de wasabi que sorprendió a los miembros del jurado y le permitió distanciarse, con diferencia, de los otros concursantes, algunos de los cuales tuvieron brillantes presentaciones mientras otros, cuál competición que se precie perdieron puntos en temas que se supone que a estas alturas no pueden bajarse los brazos: temperatura de los ingredientes, emplatado del producto final, incoherencia de los gramajes utilizados o simplemente talante del concursante.

La octava edición promete pues ser más dura en cuanto a los requisitos a exigir a los concursantes, debidos a la seriedad con que se toma el certamen por la organización y el jurado, soberano en sus planteamientos, dado el alto nivel profesional de sus componentes, que hacen que la profesión vinculada al bocadillo de calidad comience a considerar la convocatoria como de inexcusable y garantizada presencia.