Fogones venezolanos de platos clásicos y versionados

“No quiero estar amarrado a nada”, asegura Iribarren a Restauración News para explicar por qué sus “antojos” son tan fieles a los clásicos como a las nuevas creaciones.

Originario de la ciudad venezolana de Barquisimeto y licenciado en Estudios Ambientales, Gerardo Iribarren aterrizó por primera vez entre fogones en la isla caribeña de Trinidad y Tobago, a la que se marchó para estudiar inglés y en la que los apuros económicos le hicieron recabar en una cocina como pinche.

Aquella eventualidad se convirtió, sin embargo, en el eje central de su vida personal y profesional. Desde entonces, Iribarren no se ha quitado ni el gorro ni el delantal. Tras

la experiencia de Trinidad y Tobago, el actual chef de Antojos Araguaney regresó a su país natal para estudiar en el Centro Gastronómico “Ernesto Suárez” INCE de la capital.

Una formación que junto a la experiencia del Caribe le abrió las puertas de algunas cocinas de Caracas como las de Andreas Taberna Griega, donde fue ayudante de cocina, de Café Olé, donde desempeñó la labor de pantrista –la persona que se encarga de los platos fríos en un restaurante- y de Le Gourmet, un restaurante de cocina francesa de un hotel de cinco estrellas.

Un curriculum que le sirvió para que el restaurante Lorenzo, de Boadilla del Monte, en Madrid, reclamara sus servicios como jefe de cocina en 2004. Aquel año, Iribarren llegó a España.

Un país en el que desde entonces ha dejado la huella venezolana de su cocina en el restaurante Entre Tapas y Vinos, de Xanadú, en Aga Catering Gourmet, en Torrelodones (donde además de jefe de cocina fue coordinador de eventos), en La Coquinaria, de Boadilla del Monte, en Le Cabrera, como jefe de partida, y en La Candelita, donde la chef Valerie Iribarren ocupó hace sólo dos meses las páginas de esta revista.

Todas las etapas vividas por Gerardo Iribarren han encontrado ahora su meta en Antojos Araguaney (Apolonio Morales, 3, Madrid). En él, Gerardo despliega su formación y experiencia para que este restaurante, dirigido por él mismo y por Fernando Rodríguez (también venezolano), ofrezca una oferta gastronómica cuya carta está cargada de clásicos venezolanos, como los tequeños con queso, la yuca cocida o frita, las arepitas con nata, el queso telita, las hallaquitas de chicharrón o los tostones. Platos a los que Iribarren ha querido sumar otros sabores latinos versionados, como el tartar caripito o el ceviche cuyagua.

Antojos Araguaney tiene un ticket medio de 25 euros, capacidad para 52 comensales y además de comidas (13.30 a 16 horas, de martes a domingo) y cenas (de 20.30 a 24 horas de martes a sábados), sirve desayunos 100% caribeños de martes a viernes de 8 a 13 horas.

Todos los ingredientes empleados en Antojos Araguaney se elaboran a diario en la fábrica de quesos frescos y productos artesanales que Fernando Rodríguez tiene en Rivas Vaciamadrid. Productos que pueden adquirirse en la tienda gourmet que la firma tiene en Las Tablas (Campo de la Estrella, 7, Madrid). JG. Boiza