Francesc Rifé: “En un restaurante el equilibrio entre la comida y la estética del local es fundamental”

Desde su estudio barcelonés ha salido el diseño de otros restaurantes tan rompedores como Arrop (Valencia), Sula (Madrid), Lobo (Barcelona), Nuba (Madrid) o Can Fabes (Sant Celoni-Barcelona). Rifé, interiorista y diseñador industrial, creó en 1994 su propio estudio, en el que hoy trabaja una docena de profesionales. Sus proyectos, desarrollados dentro y fuera de nuestras fronteras, no dejan indiferente a nadie, sobre todo, por su dominio del orden espacial, su equilibrio geométrico y la sobriedad de las formas. Precisamente, Rifé cree que el interiorismo de restaurantes pasará en un futuro por aceptar lo simple, augurando, quizás, un retorno de la sencillez.

¿Cuáles son los estandartes que definen sus diseños?
Nuestra filosofía de diseño se basa en el orden espacial y la proporción geométrica.
¿Cómo aborda los proyectos relacionados con la hostelería? ¿Igual que si vienen de otro sector?
Siempre intentamos un diálogo fluido y constante con el cliente. Sólo así se consigue un resultado que satisfaga tanto a cliente como a diseñador.
¿Qué ha de primar en el diseño de un local de restauración: la funcionalidad, el diseño…?
En un restaurante ha de existir un equilibrio entre gastronomía y espacio, ha de tratarse de un local que combine equilibradamente buen comer y buen diseño (buena iluminación, buena acústica, espacio ordenado…).
¿Qué entiende como lujo en el diseño de un restaurante y/o de un hotel?
El espacio, eso es el auténtico lujo.
Con el restaurante sevillano Gastromium ha logrado un premio FAD de Interiorismo ¿Por qué cree que ha conquistado al jurado del certamen?
Según palabras del propio jurado: “por la originalidad, racionalidad y orden aplicado en un proyecto para cocina de autor, a través de un repertorio formal que transforma el espacio mediante geometría, espejos y luz”.
¿Cómo enfocó el proyecto inicial de este restaurante? ¿Qué buscó con el diseño del mismo?
En este caso, pretendíamos que el restaurante transmitiera luz y vida; esa luz cálida que representa Sevilla y la vitalidad de su gente. Distintos elementos en el local hacen referencia a esa luz. Por ejemplo, el salón comedor, con una impresionante altura, se ha solucionado con 286 lámparas diseñadas especialmente con halógenos de 10 vatios que funcionan con un potenciómetro que permite graduar la luz de toda la sala. Las diferentes varillas, colocadas a dos metros, conforman una malla continua que ‘recorta’ la altura del local, permitiendo de este modo acercar la luz a las mesas y consiguiendo la intensidad lumínica perfecta. La luz vertical que aparece en la fachada o el mismo tipo de elemento lumínico que se repite de forma horizontal por todo el perímetro del restaurante y donde se ubica la rotulación del local: Gastromium, Miguel Díaz.
Pueden llegar a tachar de exceso de minimalismo en sus diseños ¿qué opina sobre esto?
Consideramos que nuestros proyectos no son minimalistas. Rotundamente no. Diseñamos espacios ordenados, sobrios, cálidos, pero no minimalistas.
¿Por qué es tan importante el diseño de un restaurante?
El diseño de un restaurante es tan importante como el diseño de cualquier espacio comercial. En un restaurante el equilibrio entre la comida y la estética del local es fundamental.
¿Qué está de moda y que está demodé en el interiorismo de locales de restauración?
Creo que lo que estaba de moda, está demodé. Actualmente está de moda lo simple, no lo espectacular.
¿Dónde (en qué ciudad del mundo) encontramos los interiorismos más rompedores actualmente?
Quizá en China y los Emiratos Árabes.
¿Qué cree que está por llegar en el interiorismo?
Aceptar lo simple, lo básico. Conformarnos con espacios simples.
¿Su color favorito para un restaurante?

  • El color siempre dependerá de los materiales escogidos. Generalmente nos inclinamos por colores neutros que van desde el blanco hasta el negro.

¿Su material favorito para un restaurante?
La madera
¿Su restaurante ideal?

Mi restaurante ideal es aquel que consigue un equilibrio perfecto entre la buena comida y un espacio agradable, que es la suma de una buena acústica, una buena iluminación y un buen diseño.

Restaurantes y bares realizados por el Estudio Francesc Rifé
2003.- Can Fabes (Sant Celoni-Barcelona), del chef Santi Santamaría
2004.- Nuba (Madrid)
2006.- Sula (Madrid), de Quique DaCosta 2006; y Lobo (Barcelona), del Grupo Tragaluz
2007.- VittoriaBarClub (Vitoria)
2009.- Arrop, en el Hotel Palacio Marqués de Caro (Valencia), de Ricard Camarena; y Gastromium, del chef Miguel Díaz.

Gastromium, un local de premio

Gastromium ocupa un local de 242 metros cuadrados situado en la planta baja de un edificio residencial, que cuenta con dos fachadas, una destinada al uso público, franqueada por un vestíbulo en el que destacan unas grandes puertas correderas de chapa negra que consiguen crear un espacio de transición entre el exterior y el interior del local. Efecto de transición remarcado, si cabe aún más, por el contraste entre la chapa negra de la puerta corredera, y la luminosidad del tono blanco del interior del restaurante. Cuando la gran chapa negra está abierta, la propia puerta se integra en el conjunto de la fachada del edificio, al igual que la rotulación e iluminación.
La luz vertical que aparece en la fachada simboliza la luminosidad del Sur, y además marca el referente de las luces que encontraremos a continuación en el interior del local. Es el elemento denominador común de todo el proyecto: la luz.
Este elemento lumínico se repite horizontalmente por todo el perímetro del restaurante; lugar donde se ubica la rotulación del local: Gastromium, Miguel Díaz.
La fachada trasera está destinada al uso del personal y cocina, e integra los registros de ventilación y entradas de aire. Se trata también de una gran chapa negra, en contraposición al protagonismo de la obra vista del edificio residencial en que se ubica, que cuenta con una obertura longitudinal que permite ver el funcionamiento del interior de la cocina.
Todo el espacio respira sobriedad y racionalidad; el mismo lenguaje que caracteriza la cocina de Miguel Díaz. Sobriedad reforzada por elementos como los módulos tapizados, en gris y dorado, que tienen una doble función: decorativa y como elementos técnicos que sirven para mejorar la acústica del local.
Estos ‘cubos’ tapizados interactúan con la fachada del restaurante jugando con el aparador, ya que el local es como una gran vitrina de vidrio transparente. Consiguiendo una fachada de volúmenes ‘movidos’ que deja intuir el interior del Gastromium.
El restaurante está dividido en 4 zonas pavimentadas con microcemento blanco. A parte del vestíbulo, destacan la zona de espera y aperitivos, la sala comedor, una zona intermedia con bodega, baños públicos, reservado y, a la vez, zona de fumadores; y la última zona, conectada a través del office, que es la cocina.

En la zona de espera, una íntima y confortable antesala para el aperitivo y elección del menú, el protagonista es un mueble que integra la caja registradora, las instalaciones informáticas y los menús y cartas de vinos. Este módulo está tapizado, como el resto de volúmenes, y por tanto, se integra en el conjunto de la arquitectura interior.
El mismo despiece de los muebles tapizados penetra en una zona intermedia, en la que se sitúan tres módulos diferentes: el primero es la bodega, y el segundo y tercero son los baños de señoras y caballeros. Estos tres módulos funcionan como arquitecturas independientes, y son tratados de forma más sobria que el resto de los elementos.

Salón comedor
El salón comedor, con una impresionante altura, se ha solucionado con 286 lámparas diseñadas especialmente con halógenos de diez vatios que funcionan con un potenciómetro que permite graduar la luz de toda la sala. Las diferentes varillas, colocadas a dos metros, conforman una malla continua que ‘recorta’ la altura del local, permitiendo acercar la luz a las mesas y consiguiendo la intensidad lumínica perfecta.
El comedor, amueblado con sillas Nord de Ziru, diseñadas por Francesc Rifé, es una sala relativamente pequeña; está pensada para 45 comensales. El pilar central, franqueado por dos muebles que sirven de apoyo para servir las mesas, funciona como elemento divisorio de las mesas situadas perimetralmente a su alrededor.
Los módulos, protagonistas del espacio, lo equilibran, ya que se reflejan en la parte contraria del espejo, en la que se sitúa el office o zona de preparación y el reservado. Todo este paramento de espejo nace de la sala de espera e integra la zona de guardarropía, y los muebles para la cubertería y vajilla. Gracias al efecto del espejo, conseguimos un espacio geométricamente igual.
El acceso a la cocina se consigue a través de una puerta automática en vidrio gris fumé mate. El interior de la misma está equipada industrialmente y el material predominante es el acero inoxidable. Cuenta además con una pequeña zona habilitada para degustación.
Espacio perfectamente armonizado con la luz, una luz cálida de Sevilla que transmite la misma pasión que Miguel Díaz ha querido transmitir con su cocina.