Nuestra imagen

En un momento privilegiado como el actual, en el que la cocina española se ha situado en la vanguardia mundial y en el que una parte importante del turismo de calidad, tanto nacional como internacional, maneja criterios gastronómicos para elegir sus puntos de destino, las personas que dan la cara ante el cliente se convierten en piezas clave de este sector.

A pesar de su trascendencia, la profesión de camarero se encuentra inmersa en una grave crisis de imagen. Los estudiantes de las escuelas de hostelería evitan mayoritariamente su elección como carrera de futuro y las empresas compensan esa carencia contratando contingentes más allá de nuestras fronteras.

Además, la formación que se imparte en muchas de las escuelas resulta insuficiente para cubrir las necesidades de los empresarios y profesionales que demandan mano de obra cualificada. La infravaloración social de este puesto de trabajo hace que muchas veces se cubra con personas poco preparadas y/o escasamente motivadas. Los contingentes de mano de obra extranjera de bajo coste condiciona los sueldos del sector en general. Los convenios colectivos y los regímenes salariales tienden a equiparar profesionales bien formados y motivados con personal poco cualificado.

Tienen razón los responsables de AMYCE para estar preocupados. Y no sólo ellos, porque el resultado es nocivo para el conjunto del sector. Hay mucho en juego. Como bien dice Francisco Patón, “el camarero es la imagen que el visitante se lleva de nuestra ciudad”. Es una profesión que merece la pena cuidar y potenciar. El futuro nos va en ello.