Presentación para brillar

Que un restaurante brille depende de varios factores. Algunos son internos, otros externos. Indudablemente, la calidad de su cocina, el precio de sus platos o el servicio que ofrece, son elementos que nadie pondría en duda si hay que evaluar su calidad. Pero ¿qué hay de la presentación? Cómo se muestren los platos, la estética del propio local, el atuendo de los camareros… también influyen a la hora de que recordemos tal o cual establecimiento como un sitio especial.

Dentro de este apartado estético, las cartas, donde deben aunarse las recetas inolvidables, junto a la parte ornamental, pueden convertirse en un elemento clave. Las recetas inolvidables dependen del restaurante; para la estética, puede recurrirse a la compañía Pablo Gallo.

Negocio incipiente en España
El padre de Mauricio de Haan, fundador de Pablo Gallo, S.L. -Haan significa Gallo en holandés- trabajaba en el sector de la papelería en su Holanda natal, usando el polipropileno como principal material de su oferta. A raíz de dicho negocio llegó la inspiración: por una parte crear en España algo que no estaba demasiado desarrollado, por otra, usar materiales ecológicos, respetuosos con el medio ambiente, que otorgasen a los clientes de Pablo Gallo un valor añadido.

Fabricar las cubiertas, que no los platos que han de componerlas, de una carta de menú, es un concepto de negocio que triunfa en Europa, en países tales como Italia, Reino Unido, Suiza… que son precisamente los lugares a los que esta empresa familiar está accediendo a través de la exportación, a la que destina aproximadamente un 60% de su producción. En España, dan servicio a compañías de todo el ámbito nacional, pero el concepto de negocio aún no está tan desarrollado.
“Dedicarse a este tipo de negocio en España es un poco difícil, por la cultura”, afirma Mauricio de Haan, fundador de la compañía. “En muchos restaurantes todavía piensan que las cartas las regalan las bodegas. Éstas normalmente llevan la publicidad de los vinos que ofrecen y suelen ser de menor calidad. Las nuestras son más resistentes, ya que una de estas cartas, ‘regaladas’ por las bodegas, suelen durar alrededor de unos tres meses. Pero en España aún no se está acostumbrado a pagar por las cartas de los menús”.

Pero las perspectivas son buenas. A pesar de la juventud de la firma (Pablo Gallo entró en funcionamiento hace apenas un año: en enero de 2006), ésta ya ha estado presente en diversas ferias del sector, como la pasada edición de Hostelco en Barcelona, u Horexpo, en Lisboa. Es pronto para hablar de previsiones, pero la acogida ha sido buena. La empresa ofrece variedad: quince modelos diferentes de soporte, todos ellos en –como mínimo- tres colores distintos, para adecuarse a las necesidades de cualquier tipo de local, ya sea grande, pequeño, pub, pizzería, restaurante al uso…
“En Hostelco las reacciones han sido positivas, porque no estamos hablando de las cartas de toda la vida”, explica de Haan. “Todos los modelos están elaborados con materiales ecológicos: polipropileno y lomos de madera o hierro, que además pueden personalizarse, por el propio restaurante, mediante termografía. De esta manera, queremos romper con la poca variedad que se encuentra en este campo”. l
A.I.G.