Rosa Roselló

El regio y burgués Paseo de Gracia barcelonés alberga cada vez más restaurantes y casas de comidas. En uno de los rincones más escondidos de la bulliciosa calle (en el principal del número 78) se encuentra una innovadora propuesta gastronómica: el restaurante La Pomarada, una sidrería pizzería. Aunque pueda parecer que ambas propuestas quedan totalmente descartadas, en este establecimiento
Rosa Roselló, una de las socias propietarias y gerente, ha conseguido unir ambas propuestas sin mayor problema. Su pasión por la cocina asturiana, así como por las especialidades puramente mediterráneas –específicamente, la pizza-, se ven reflejadas en una carta curiosa en donde tanto se puede optar por las clásicas fabes asturianas como por una pizza margarita. Curiosamente, el establecimiento, inaugurado hace un par de años, antes albergó la Casa Asturiana y, por tanto, los aromas a sidra y pote de fabes ya perfumaban las amplias salas y salones.

La Pomerada ocupa un piso principal de un edificio modernista, con una superficie de 850 metros cuadrados, distribuidos en diferentes salones: Campos Elíseos, Paseo de Gracia, Salón Pérgola y Bar Sidrería. Los diferentes espacios han sido decorados con elegancia y confort, con ciertos toques vanguardistas, sello del experto interiorista y decorador Carlos Martínez. Su capacidad total es de unos 250 comensales, eso sí, ampliamente distribuidos en mesas grandes y confortables. Para servirlos a todos, cuentan con un personal de 20 camareros y unos siete cocineros. Personal que se alterna en turnos, ya que el local permanece abierto todo el año (excepto domingos noche y 15 días en agosto) de 13.00 a 1.00 h, con cocina ininterrumpida.

Relación calidad precio
Pero las cifras que más sorprenden son otras. El precio medio en La Pomerada es de unos 20 a 30 euros, contando que disponen de un menú diario a 15 euros. “La relación calidad precio es inigualable en toda la zona”, remarca Rosa Roselló. Para conseguir unos precios tan ajustados no se renuncia a la calidad. El secreto radica en la manipulación, según explicó la gerente de La Pomarada. “No renunciamos a la calidad, es más, optamos por buscar proveedores que nos garanticen la máxima calidad, proveedores que conocemos desde hace tiempo y que, a la larga, se convierten en partners. Para nosotros lo más importante es la comida, no tanto la decoración, el mantel o la vajilla”, añade Roselló.

Precisamente, para Rosa los detalles en una comida recobran una importancia vital, como por ejemplo, el pan y el café. “El pan y el café son los grandes olvidados pero para nosotros son importantísimos. Un café malo puede aguar una buena comida, y del mismo modo, un buen café ha de bordar una buena comida, por eso, nosotros confiamos en un buen proveedor de café, sin escatimar en los costes, es más, tenemos cafés Torrelsa, de reconocida calidad”, explicó Rosa Roselló.

Relación con proveedores
Rosa Roselló, de hecho, cuenta con el privilegio de una larga y sólida experiencia en restauración. Antes de abrir su propio restaurante, trabajó una década en el restaurante La Oca, años en los que conoció proveedores fiables y de calidad, muchos de los cuales ha recuperado en La Pomarada. Uno de ellos es, precisamente, la empresa leridana Cafés Torrelsa, que ya conocía años antes de entrar en La Oca. “Los conocía desde hace más de 20 años, porque soy de Lleida y allí son muy conocidos por su calidad. De hecho, yo los introduje en la empresa y ahora, sigo confiando en ellos”, apuntó Rosa Roselló. Y es que, para ella, “la fidelidad recíproca, en cuanto a precio y servicio, la regularidad, la calidad en el servicio y en el producto” es lo más importante de un proveedor. “Nos gusta saber que cuidan del cliente”, añade la empresaria y restauradora.

Las claves del éxito empresarial de La Pomarada no son pocas. Rosa Roselló subraya que lo más importante es “trabajar mucho y ser muy constantes”. De hecho, el restaurante cuenta con algunos puntos flacos, como su ubicación (no está a pie de calle), o la extraña mezcla de cocinas tan dispares como la asturiana y las pizzas, pero precisamente, estos puntos pueden trabajar también a favor del negocio, por su autenticidad. “Nuestra carta se basa en la cocina tradicional, con una presentación moderna, pero siempre de calidad y a un precio único. Creo que lo importante de un restaurante es que la cocina convenza, si no comes bien, no vuelves, y nosotros, por el momento, disponemos de una clientela fiel, que repite, una clientela nacional (pese a la ubicación tan turística del restaurante) que busca un lugar cómodo, selecto, incluso íntimo para comer e incluso repetir en la semana, gracias a la carta tan heterogénea que tenemos”, puntualizó la restauradora. l
Izaskun Azpiroz