Cuaderno de Bitácora

Destacar en la Ciudad Condal la generosa predisposición del Ayuntamiento, los fines de semana, para que los restaurantes de céntricas calles sirvan en las terrazas -cerrando con vallas al tráfico rodado- y la originalidad de los promotores de ofrecer cenas en las cabinas del teleférico que va desde Montjuic, con menús a 40 euros para cuatro personas en cabina, o de 80 euros para sólo dos (hay que pagar la intimidad).
Bordeando la costa, llegamos a Vilanova i la Geltrú donde El Peixerot aún sigue mandando como, en el corazón de la Costa Dorada, los Gatell, Diego y Can Bosch, destacando también el Arena de Salou, con Cambrils que, a la espera de repetir el Forum del Mar-2008, se han centrado en promocionar la galera.
Franqueado el Delta del Ebro y después de ver la buena salud de El Faro de Vinaroz y el éxito de las Jornadas del Cargol Punxent en Peñíscola, recalé en Benicassim, cuando un vendaval había desarmado medio Fiber: festival que supone ingresos de unos veinte millones de euros para comercio y hostelería. No en vano, son 50.000 bocas durante cuatro días, pese a que Intur, del grupo Gimeno, se encarga de la mayor parte del abastecimiento de los fíbers en el campus.

De Baleares a Valencia
La bonanza me permitió escapar a las Baleares, a las que este año les ha tocado sufrir más de la cuenta. Aun con menos afluencia, Puerto Portals estaba que se salía, con lugares como Tristán y Flannigan cumpliendo; así en Ibiza, qué decir del chiringuito de Es Cavallet y del movido, ahora a la playa d´en Bossa, Ushuaia.
Llegar a Valencia es como hacerlo a El Dorado. Además de mantenerse en forma los restaurantes clásicos, la Diputación y la FEHV han diseñado el PPAET de ayuda a la hostelería y creado la iniciativa promocional “Et vas a xupar els Dits” con experiencias reveladoras en Alzira y Cullera.
Mientras, en el puerto, todo se preparaba para la F1, así que Boramar, Sushi Club, Guillermo o 39ª 27´N estaban listos recibir a los pilotos y sus jefes.
En Alacant, el Dársena en el puerto de la capital, el Cranc en Altea o el Amarre 152 en Javea, escoltan a la profesión, a la espera de la XI edición de Lo Mejor de la Gastronomía que García Santos se baja de San Sebastián, con nuevo formato, donde hay que dar paso a los “restaurantes posibilistas”. O sea los de 35-50 euros. No hay que olvidar en la zona las 10.000 tapas servidas en un día en Elche.
En aguas del Mar Menor, celebramos tanto la buena salud de Raimundo González, fundador de El Rincón de Pepe y adalid de la cocina murciana urbi, como la alegría de los pescadores de Mazarrón cuando supieron que Madonna comería, en Madrid, el mejor toro pescado en sus aguas. Destaca también el interés de Hostemur y el Ayuntamiento en la promoción del Jurel.
En aguas andaluzas nos sorprendimos de la vitalidad hostelera de Almería, que también existe en estos menesteres. Así, por ejemplo, hay que celebrar que restaurantes como La Terraza Carmona, Las Eras y Catedral, hayan organizado el Chef Tour 09; o que la Universidad de Almería haya organizado el seminario “Cocina Tradicional en los Restaurantes de Hoy”, donde chefs como Berroqui, Carmona o Añorga defendieron la especialización de la cocina almeriense en la gastronomía arábigo andaluza. Manifiesto que servirá para aupar restaurantes al nivel que ya poseen El Rincón del Puerto en Mojácar, Alejandro en Roquetas, o La Costa en el Ejido.
En la costa tropical granadina, destaca la playa de Cambriles, y allí el restaurante Lecrin. Próximo a ella, en la de Castell de Ferro, el Bajamare, lo hace un beach club no masificado. No hay que olvidar en la playa de Almuñecar a Jacquie Cotobro.

La Costa del Sol
Ya en la Costa del Sol, Málaga estaba preparando el Food&Sun Festival, firmado nada menos que por Dani García, Paco Torreblanca y Pedro Subijana. Mientras Calima se erige líder en restaurantes, sin olvidarnos del Roqueo, ya en Torremolinos, en Marbella se podían degustar, en sus restaurantes, platos donde figuraba como ingrediente el oro en láminas. Eso sí, a 40 euros los 100 mg. ¿Hablamos de crisis?.
Al pasar por Tarifa como un bólido, apenas pudimos visitar el Bahia de Bohemia. Más tranquilos, disfrutamos con Antonio en Zahara de los Atunes, La Marina en Costa Ballena y el Roqueo de Conil, o en el Bigote de los hermanos Hermoso en Sanlúcar.
En la Tacita de Plata, donde el Grupo El Faro es un referente, hierve la hostelería con su aportación a los actos del Bicentenario de la Constitución de la Cortes de Cádiz, cuyo órgano rector preside Luis Pizarro. No hay restaurante que no innove platos y los titule como “La Pepa”. Tal es el caso de La Fondue o de Arrocería La Pepa (famoso su arroz 1812). Hay que felicitar a las entidades ciudadanas que promueven las “maritatas”.
En las costas onubenses nos apuntamos a La Feria del Pescaíto frito en la Antilla y a la feria de La Gamba y de la Chirla en Punta Umbría. Acá salieron premiados los restaurantes del Hostal Manuela, El Jamón y El Velero.
Antes de varar en El Algarve, fondeé y monté el velero en un remolque para salir por tierra hacia Galicia. Corría el riesgo de no llegar a tiempo a Bilbao, así que volví a navegar en las Rias Baixas deteniéndome en Moaña para disfrutar de su semana gastronómica, donde cinco restaurantes como Casa Barral, O Xantar de Tito o el Club de Golf Ria de Vigo, ofrecían menus entre 24 y 36 euros con platos como el rape al albariño con almejas. También celebré los 15 años de la Fiesta del Mejillón y de la promoción del consumo de especies menores, donde la EH de Vilamarín, a través del profesor Martín Alvarez, ha logrado un encomiable escabeche con carpas.
Surcando las difíciles aguas de la Costa da Morte, llegué a la asturiana playa de Salinas, para ver la robustez de su Balneario y la labor de la familia Loya (Javier dirige el flamante Avant Garde de NH en Gijón) y, después, a la ría de Avilés, población cuyo empeño en auparse al ranking gastronómico lo avalan restaurantes como Casa Lin, San Felix, el Tragaldabas de Pelegrín e Hidalgo, reconociendo las aportaciones de Casa Tataguyo, La Tenada y, sobre todo, el acogedor caserío de Koldo Miranda en Cruz de Illas.

Bahía de Santander
La siguiente singladura me llevó a la bahía de Santander celebrando que, durante su Feria, el Hotel Sentemar ganara el concurso de pinchos, nada menos que con uno de risotto. Allí supe de la importante labor que los hosteleros realizan con el Club del Agua. La mayoría de ellos han apostado por los packs que, en 5.300 cisternas, les permiten ahorrar un litro por descarga.
Por fin franqueé aguas de Euskadi y viví lo bueno que tiene la Semana Grande de San Sebastián y que, como no, inauguró el presidente de su Cofradía Gastronómica. Hay que ver la generosidad de los grandes chefs, ofreciendo el protagonismo a los bares de la parte vieja de la ciudad, donde corre la sidra y el txacolí, el chorizo cocido y la chistorra y unos bocatas de lujo en los locales de la calle Embeltrán.
Aproveché la estancia en San Sebastián para releer textos recientes de Rafael García Santos en su web de LMG, en especial, los que hablan de que llega el maltusianismo a los colectivos de chefs y productos de calidad y que cabe efectuar una “revisión absoluta de la estrategia sin abandonar el idealismo”: toca “popularizar y socializar los avances… culturizar” señala este crítico gastronómico.
Y de Donosti a Bilbao para terminar mi travesía en pleno Aste Nagusia, ejemplo de fiesta popular donde las haya, con sus barracas, comparsas y exaltación de la cultura gastronómica popular; sin olvidarnos de poblaciones como las de Orio, con su fiesta del besugo y chefs como Zendoia y Uranga, desconocidos en los mass media circulando por el Estado Español, que crean y aportan tanto o más valor que los mediáticos.
Finaliza aquí este loco periplo solicitando me ayuden a enmendar errores, remediar omisiones y corregir anacronismos, si los han descubierto. La gastronomía española, aquella que se caracteriza por su labor callada y ausencia en los medios, bien se merece esta modesta iniciativa, con la ayuda del túnel del tiempo. l