El oro de Moma

Primero fue un restaurante asiático de alto nivel, pero había que adecuarse a los nuevos tiempos. Moma ha inaugurado Moma Gold, un espacio gastronómico en el que la cocina mediterránea más típica se fusiona con guiños de autor, dentro de una atmósfera dividida en dos ambientes distintos, salidos de la mano del diseñador Tomás Alía.

Los propietarios apostaban por una oferta novedosa, por poner en marcha un espacio puntero y, si algo caracteriza al nuevo restaurante de Moma es un cambio radical con respecto a lo que venía siendo. El emplazamiento sigue, como antaño, contando entre sus muros con tres conceptos claramente diferenciados: el Moma Bar -un restaurante de tapas, pinchos, más informal-; la discoteca –una sala polivalente que, durante el día puede ser utilizada como sala de eventos, y por la noche se transforma en discoteca-; y, por último, el restaurante: Moma Gold que es donde se han producido los cambios tanto en su estética como en su cocina. Un nuevo espacio que está dividido en dos estancias, un comedor más formal –la zona noble- que puede albergar a cuarenta y ocho o cincuenta comensales, y una estancia más joven, más desenfadada, con capacidad para treinta personas y zona propicia para disfrutar de un cóctel.

Cuentan desde la empresa que la principal razón de haber pasado de ser un buen restaurante asiático al concepto actual, basado en la cocina tradicional española y mediterránea con tintes de autor es que, en líneas generales, el comensal español prefiere decantarse por la cocina asiática en muchas menos ocasiones que por la tradicional. En Moma Gold, ésta es un poco más especial porque platos muy clásicos, como por ejemplo, la menestra, se elabora con verduras baby. Siempre, aún en las recetas más tradicionales, se intenta darle un toque sofisticado. Éste sale de las manos del chef Pablo Díaz, que después de haber desempeñado su labor profesional a las órdenes de algunos reputados chefs, ahora inicia su andadura en solitario y, de momento, ya ha logrado que recetas tan españolas como los callos, o el típico rabo de buey, estén entre los platos más demandados.

Producto fresco
“Se prepara todo aquí, explica Ferrán Gracia, gerente de Moma Gold. Todo es fresco, de forma que hablamos de una cocina fresca de mercado. Tenemos una buena materia prima; las carnes, el pescado, las verduras, todo es de primerísima calidad”.

Así, aunando lo tradicional con las pinceladas de autor, las expectativas del nuevo local están dirigidas hacia un cliente de una franja de edad que oscila entre los 35 y los 45 años, aunque en ocasiones esta media se reduce bastante, sobre todo cuando se acerca el fin de semana. El precio de la carta también oscila entre los 35 y los 45 euros, contando con un menú de medio día que cuesta unos 25, para disfrutar de un concepto de restauración media alta, que se complementa con una amplia oferta en coctelería, puesto que Moma Gold cuenta con una nutrida carta de combinados, que juegan un papel esencial de cara al comensal del fin de semana. Un tipo de cliente que muchas veces termina su cena con uno de ellos o, directamente, opta por acudir al local a tomarse un cóctel.

Esta fusión de la restauración española, tradicional y con tintes creativos, muy trabajada, se enmarca dentro de un ambiente agradable y sin estridencias, fruto de la creatividad del diseñador de interiores Tomás Alía, que le ha dado un carácter evocador al local para que, como con la comida, nos vengan a la mente los colores, si no otras sensaciones, del Mediterráneo: decoración en tonos dorados y azules, con motivos que imitan las olas del mar, caballos en las paredes, y lámparas embutidas en envoltorios de mimbre, hacen rememorar la luz del sol, la brisa marina, la mar… a todos aquellos que se decidan a visitarlo.l
Ana I. García