Grupo La Fábrica, evolución de un modelo centrado en la cerveza

30 años avalan a un grupo de restauración que ha sabido aprovechar el éxito de un modelo como La Fábrica de la Cerveza para crear un conglomerado con diferentes conceptos.

Javier Mesa

Javier Talavera, co fundador de Grupo La Fábrica. Foto: © J. Mesa
Javier Talavera, co fundador de Grupo La Fábrica. Foto: © J. Mesa

El verano pasado la terraza de la Casa de América en Madird, reestrenaba oferta de restauración de la mano unos empresarios que poco después inaugurarían Raimunda, el restaurante que ocupa los sótanos del Palacio de Linares.

El estreno en pleno mes de agosto fue un éxito de público a pesar de la muy discreta promoción que se hizo de la inauguración. En la nota a los medios se hablaba de que el proyecto era el resultado de la asociación entre Life Gourmet y el Grupo La Fábrica, una marca con una larga trayectoria en la hostelería madrileña que en los últimos años ha mantenido un perfil bajo.

Este grupo de restauración, sin embargo, atesora tres décadas de experiencia de la mano de los hermanos Daniel y Javier Talavera, responsables desde finales de los 80 de los restaurantes La Fábrica de la Cerveza, una enseña que se convirtió en referencia hostelera de la capital durante décadas.

“Nos hicimos cargo de la primera microcervecería de Parquesur a consecuencia de la crisis de finales de los 80 y nos convertimos sin saberlo en pioneros de la fabricación artesana”, recuerda Javier. Tras un tiempo de reflexión sobre la rentabilidad del proceso de fabricación, con maestro cervecero alemán incluido, los hermanos Talavera apostaron por un acuerdo con una gran compañía como Heineken con un completo catálogo, “de manera que lo que perdiéramos de frescura al dejar de fabricar, lo ganáramos con una variedad de gama que era sobresaliente. En aquella época fuimos los primeros en vender Paulaner a gran escala en nuestro país”.

Sala de Raimunda, el nuevo restaurante de el Grupo La Fábrica en el sótano del Palacio de Linares.
Sala de Raimunda, el nuevo restaurante de el Grupo La Fábrica en el sótano del Palacio de Linares.

Tras especializarse en vender cerveza en formatos muy grandes a un público muy joven, los fundadores comenzaron a aplicar un punto de vista más hostelero a su negocio. Así, complementaron su oferta introduciendo cocina germana con ingredientes de primera calidad traídos de Alemania. “Gracias a esa decisión arrancamos un desarrollo muy potente de La Fábrica como marca, no como grupo, que siguió funcionando a lo largo unos años en los que vivimos debates internos muy interesantes conforme el sector de la hostelería vivía un proceso de transformación que en estos dos últimos años ha sido brutal. Los locales donde ir a comer nada más fueron dando paso a otros donde además se bebía, se socializaba y escuchaba música, tenía wifi, potenciaban el afterwork. En estos 30 años de historia el proceso transformación ha sido brutal”.

Este debate que menciona Javier Talavera no es otro que el de ahondar en la vertiente hostelera del negocio a través de una decidida apuesta por la cocina tradicional de calidad a un precio razonable más allá de la gastronomía alemana. “Nuestro enfoque, desde el principio, no era trabajar con cuarta o quinta gama, sino con un producto elaborado y terminado en nuestros locales, que fuera honesto con el cliente. ¿Por qué debíamos ofrecer sólo una salchicha de primera calidad y no un lomo de vaca o un buen vino?”.

Nuevos nichos de mercado

Desde esta honestidad en la propuesta de comida de calidad y un ambiente adaptado a los nuevos gustos, con espacios confortables y un ambiente cuidado, el grupo fue adaptando sus locales de La Fábrica sin perder la esencia cervecera. Un ejemplo es su legendario establecimiento de la calle Génova que pasó a denominarse La 21, un espacio totalmente renovado pero con presencia de sus famosos tanques de cerveza y platos emblemáticos como el codillo o las salchichas, a los que se sumaron otras propuestas actualizadas. En su formato para centros comerciales, los empresarios le dieron una vuelta de tuerca similar bajo la marca Sonsoles, presente en el Centro de Ocio Herón Diversia de Alcobendas, donde también han puesto en marcha otros modelos como Ándele, de inspiración mexicana, o Puxa Asturies. Como estandartes de sus orígenes queda la marca La Fábrica Biermuseum en los centros comerciales de La Gavia y Parquesur.

Dentro de este proceso de diversificación del negocio, el Grupo La Fábrica ha hecho incursiones de éxito en el centro de Madrid en locales de referencia como Matute, su gastrobar del Barrio de Las Letras; La Bobia, un asturiano modernizado ubicado en un establecimiento de La Latina que es referencia de la historia de la capital; y, más recientemente, con El 5 de Tirso, su particular puesta al día del tapeo más castizo. Asimismo, a comienzos de año se hicieron con la gestión de los servicios de hostelería del hotel TRYP Chamartín para el grupo Meliá. “Creemos que nuestro nicho de mercado está en aquellas gastronomías que no tocan las grandes cadenas y que podemos ofrecer con calidad a precios razonables”, señala Talavera.