La basura eléctrica y electrónica es responsabilidad de los proveedores

¿Cómo deshacerse de la maquinaria eléctrica o electrónica inservible de un restaurante? ¿Quién debe correr con los gastos de su transporte hasta las plantas de reciclado y posterior tratamiento? Desde el 13 de agosto de 2005, la pelota está en el tejado de los fabricantes e importadores, por lo que el restaurador sólo tiene que avisar a su proveedor para que realice la recogida del material.

A su vez, unas 160 empresas fabricantes y distribuidoras españolas recurren a la Fundación Ecolec, un sistema creado por ellos mismos para facilitar y abaratar estas gestiones. “Somos una especie de cooperativa de productores, central de compra de servicios, etc…”, asegura su director general, José Ramón Carbajosa.

Sí existen, sin embargo, casos en los que el hostelero es el responsable del tratamiento de los residuos eléctricos y electrónicos que genere: si fueron adquiridos antes de la fecha señalada (13/08/2005), la de entrada en vigor de esta normativa que es la resulta de la trasposición de una Directiva europea. No obstante, las Comunidades Autónomas son las responsables últimas de velar por su cumplimiento. En este sentido, algunas como País Vasco, Andalucía y Canarias, tienen bastante desarrollada su legislación al respecto, pero en muchas otras regiones aún no están definidos aspectos fundamentales como el tipo de sanciones a aplicar en el caso de un incumplimiento de la norma como podría ser que el dueño de un restaurante abandonase en un vertedero incontrolado un mueble de frío.

Lo más caro, el transporte
El coste de estas operaciones depende del tipo de material. Según Carbajosa, en el tratamiento de una vitrina de frío, en primer lugar se retira el gas y el aceite de su interior. Le sigue la fragmentación, y por último, el reciclado. El precio del proceso sería de unos seis o siete euros. Mucho más económico, por ejemplo, resultaría un horno eléctrico o una máquina de café, que no requieren de ese primer paso de “desintoxicación”. Pero lo que verdaderamente encarece la gestión de residuos es el transporte, cuyo precio dependerá de factores como el tamaño de la máquina o la distancia a la planta.

Antes de comprar cualquier tipo de maquinaria eléctrica y electrónica, Carbajosa aconseja a los restauradores comprobar que el vendedor está en el registro de aparatos eléctricos y electrónicos del Ministerio de Industria, Comercio y Turismo. De modo que si un hostelero ha comprado un horno en Italia, debería asegurarse de que en España existe representación registrada de la firma italiana que se pueda hacer cargo de la máquina una vez fuera de uso. De lo contrario, el responsable, independientemente de la fecha de compra del aparato, sería el restaurador. A esto hay que añadir que la mayoría de compañías proveedoras españolas no están controladas. El director general de Ecolec ofrece un dato aproximativo: “en estos momentos sólo están registradas unas 1.000 de las casi 10.000 empresas que operan en el mercado español, aunque las más importantes sí se encuentran entre las que cumplen la ley”.

Domésticos y profesionales
La Fundación Ecolec se creó en marzo de 2004, pero comenzó la recogida de residuos el mismo día que la ley se hizo efectiva en España. Los productores que la integran, tanto de electrodomésticos como de desarrollos profesionales obligados todos a recoger los inservibles, reciben la llamada de sus clientes, y a su vez acuden a Ecolec, que se encarga del proceso, y cobra el importe del transporte y tratamiento del material a ese fabricante. Mientras tanto, para el usuario final, el tiempo de espera hasta que se produce la retirada, suele ser de unos tres días hábiles.

En la web de Ecolec se define qué se considera aparato electrónico o eléctrico: “Todo aquel que necesita para funcionar corriente eléctrica o campos electromagnéticos, y se utiliza con una tensión nominal no superior a 1.000 V en corriente alterna y 1.500 V en corriente continua, además de los aparatos necesarios para generar, transmitir y medir tales corrientes y campos”. Esto incluye máquinas expendedoras y equipos informáticos, entre otros. Mientras que quedan excluidos por ejemplo, aparatos que no utilizan como fuente primaria de energía la electricidad, aunque estén conectados a la red eléctrica (p.ej. las calderas de gas o las estufas de queroseno) (www.ecolec.es) l
Elia García