La sofisticación rosa

El champagne rosé posee ciertas peculiaridades que lo convierten en un vino distinto. Es, por ejemplo, el único en la Unión Europea en cuyo complejo proceso de elaboración está permitida la mezcla de vinos blancos y tintos. Esta práctica posibilita mantener las notas afrutadas frescas y la elegancia de una uva blanca noble como la chardonnay al tiempo que ofrece, a través del empleo de las tintas pinot noir y pinot meunier, una carga frutal adicional al vino, un color que atrae, seduce e invita al disfrute.

Dicha combinación de cualidades sirve para explicar en buena medida el éxito que las elaboraciones de este tipo de champagne poseen en los ambientes más selectos y cosmopolitas del planeta. Es en ellos donde su riqueza de aromas y sabores brilla con una especial elegancia, donde su capacidad para transmitir una sensación global de sofisticación se potencia gracias al traje de noche del packaging, que orienta al vino hacia su entorno ideal de disfrute.

El champagne es, en todos los casos, una exhibición de aromas, un placer multiplicado por cada uno de sus sabores en la boca. Es una caricia en la garganta que en el caso del rosé se revela incitador y sugestivo, atrevido a la hora de formular armonías y maridajes, intenso en la expresión de las cualidades que lo convierten en un producto diseñado para proporcionar placer.