Mercabarna, los cluster y el foodservice

En los años noventa Michael Porter puso de moda la doctrina de los clusters, que no dejaba de basarse en iniciativas colectivas para un objetivo común. Algo de lo que ya había oído hablar al profesor Hortalá, a finales de los sesenta, explicando los Principles de A. Marshall. Uno (el que están leyendo) hasta redactó un cluster para el sector de masas congeladas y estuvo a punto de hacerlo para los mayoristas que reunía Mercabarna. En ambos casos, cual coolhunter que se precie, me anticipé a los acontecimientos. Y es que les hablo del siglo pasado.

Pero, ahora, a punto de sellar la primera década del siglo XXI, la idea no era tan descabellada. En el primer caso sirvió para que un grupo de empresas haya pasado a mejorar su dimensión y competitividad y, en el segundo, vivimos su renacimiento, en esta ocasión promovido por entidades públicas e instituciones que creen en el cluster basados en el know-how. Y no cabe duda que Mercabarna atesora importantes experiencias, en lo que se refiere a alimentación colectiva y la estratégica misión de la función de distribución.

El grupo de entidades que acomete la iniciativa en Mercabarna se ha trazado un plan de trabajo que comienza el próximo 24 de noviembre y terminará a finales de mayo del 2011, con reuniones y actividades que poseen un común denominador: persuadir a los más interesados, en que dicha unidad alimentaria, pionera de mil y una iniciativas, no debe perder el tren de convertirse en referente de lo que debe ser la despensa de la hostelería, máxime cuando dispone de un plantel de ejemplares distribuidores.

Una hostelería cuyo dibujo, como el de otras ciudades del Estado Español, precisa de muchas acuarelas. Así por ejemplo -y tras un repaso de las tendencias que asimila la oferta de restauración-, como consecuencia de la turbulenta demanda, que fijan diferentes momentos y motivos de consumo, atacará con rigor la logística, el desarrollo de producto y el nivel de servicio a ese nuevo cliente, la hostelería, ignorado hasta hace bien poco, y que dada su composición y estructura durante muchos, muchísimos años, dependerá de distribuidores pequeños, medianos y grandes, especializados o no.

Antes de evaluar la factibilidad del proyecto, y los objetivos que persigue, no nos podemos olvidar del origen de los mercas a los que pertenece Mercabarna. Estamos hablando de la etapa 1967 a 1983 en la que se fragua la coincidencia de los mercados de frutas y verduras, carne y pescado en una misma unidad de espacio, bajo unas políticas comerciales donde el mercado libre era tan frágil que términos como “maldito intermediario”, “canales paralelos” o “control de precios” estaban a la orden del día. Era la época tecnócrata del régimen del General, con Faustino García Moncó creando los mercados centrales de abastecimiento y MERCASA.Luego vendría la CAT, la red CABSA, o la creación de MERCORSA, tejiendo una urdimbre intervencionista felizmente desaparecida en la actualidad.

Los años han ido derribando murallas y rompiendo cadenas de modo que hoy mercas como Mercabarna y sus integrantes, en su mayoría empresas distribuidoras y mayoristas con notables niveles de competitividad, ven que la demanda ya no es unívoca y que la pluralidad de protagonistas en el mercado, más libre que nunca, les hace estar atentos a su comportamiento. Uno de ellos es el que conforma el consumo extradoméstico.

Por eso es altamente interesante el desafío y también reto que asume Mercabarna. En pleno 2010 y con la recesión económica sin final feliz, una serie de expertos y directivos de empresas van a tratar de analizar si la creación de un cluster para el foodservice es factible contando con el know how que atesoran sus integrantes natos (parte de los cuales ya componen L´Associació Cluster Alimentari de Barcelona) y aquellos que se incorporen, fruto de la respuesta a la llamada que se presume causarán las actividades del programa previsto. Y que puede consultarse en www.mercabarna.com/foodservice.

No en vano, para los que no estén informados, en los terrenos de la zona franca de Barcelona, predio en el que se ubica Mercabarna, hay un ambicioso plan de crear un food valley donde muy bien se podrían instalar empresas de fuera de Cataluña que apuesten por ser los nuevos integrantes de ese cluster.

Crucemos los dedos, empujemos todos juntos el carro y por supuesto quitemos también entre todos, los palos en sus ruedas, que como en otras iniciativas con fundamento aparecerán. J