Acontraluz, otra forma de tomar tapas

Si, como dice Carla Tarruella que, con la colaboración de su socio Mauri Rubio, vienen haciendo de su local, una de las pocas torres (chalets) que quedan en la parte alta de Barcelona, en el barrio de Tres Torres, un espacio donde buscan un descanso desde el deportista de élite, a un alto cargo de la Generalitat, pasando por el ejecutivo de la multinacional, o simplemente la “gent del barri”. Porque Acontraluz, lleva años siendo un baluarte del “no estar solo”, como describe Carla.

Y ella, con Mauri y la inestimable colaboración de David del Pino, el chef de Acontraluz, han querido dar respuesta a esa búsqueda de evadirse mediante, ahora, las tapas. Creativas donde las haya, con ingredientes cuya originalidad y calidad riman con el nivel culinario y de servicio del restaurante y a cuya carta no le importa sufrir los avatares del influjo de esa nueva ola se sueños hechos sabor.

Como la burrata con aceite de trufa y escamas de sal, la mini-burger de foie con bogavante y mayonesa de wasabi, las croquetas despeinadas de pescado con sashimi o las bravas con chutney de fresas, sin olvidar algo tan genial como el pan de búfala con tomate y trufa o el wrap de risotto de setas y foie.

Precios asequibles en las tapas y en la carta de vinos convierten ahora Acontraluz en un pequeño oasis en la bulliciosa Ciudad Condal, ideal no sólo para los que huyen del rugir del Raval, de Ciutat Vella o de la cosmopolita fachada marítima.

Además, para los que no tienen más remedio que moverse por las calles de esos barrios, Carla y Mauri han creado en su antesala otro enclave, el Cornelia, del que próximamente se hablará en Restauración News.

Ahora, es tiempo de tapas en el jardín de Acontraluz. J