Los chiringuitos de playa se renuevan para rentabilizar el negocio

Las fórmulas han ido evolucionando y las decoraciones, ambientaciones y oferta gastronómica se han refinado para ser diferentes, únicas, especiales. Música, hamacas, antorchas, masajes, sorprendentes combinados para cualquier hora del día… La calidad del servicio, la estética, el diseño, son algunos de los ganchos más utilizados por estos locales de restauración para atraer a la clientela el máximo de horas posibles. El chiringuito como complemento del sol ya ha pasado a la historia.

Hoy en día se puede comer incluso alta gastronomía en un chiringuito a pie de playa y con la misma garantía y calidad que en un establecimiento convencional. Así lo demuestran restaurantes de la talla del veterano El Garbet –fundado en 1948-, ubicado en una idílica cala de la Costa Brava, entre los municipios gerundenses de Llançà y Colera, que se posiciona como uno de los mejores establecimientos culinarios de la zona gracias a la maestría de la chef Antonia Boada y un cuidado servicio dirigido por Águeda Pascual, hija del fundador. Entre sus puntos fuertes, poder comer las sesionas salteadas con ajo y perejil, la ensalada tibia de mollejas de pato con vinagreta al perfume de soja, o el carpaccio de lubina de Llançà con hojas de rúcula y aceite de oliva virgen del Empordà.

De hecho, en toda la costa nacional hallamos verdaderos tesoros culinarios a pie de playa. Escribà decidió hace años optar por el paseo marítimo de la Villa Olímpica de Barcelona para poner su restaurante, en donde se sirven algunas de las mejores paellas y fideuàs de la ciudad, junto con sabrosas tapas y platillos veraniegos.

Desayunos y copas
Ante el mismo escenario del mar Mediterráneo pero a ras de la arena, El Chiringuito Group gestiona cuatro casetas -además de otra más en Mataró- en donde se sirven desde desayunos a copas hasta pasada la media noche. La normativa municipal restringe bastante los horarios, pero estos establecimientos han sabido sobrevivir no sólo para refugiar a los veraneantes del calor, sino por sus sorprendentes ofertas temáticas: hay un chiringuito naturista, donde no se sirve alcohol; otro dedicado al mundo del fitness, con una oferta muy apropiada para deportistas, con zumos y bebidas isotónicas; otro ubicado cerca del Forum con una oferta amplia de bocadillos, sandwhiches, ensaladas, tostadas, carnes, etc.; y el pionero, el Chiringuito Bogatell, con alma chill out.

En la playa de la Barceloneta, en Barcelona, sustituyendo a los míticos chiringuitos de la playa, hay locales bajos donde se ubican algunos de los establecimientos más ‘in’ de la ciudad. Es el caso, por ejemplo, del famoso Baja Beach o el más novedoso Shoko, un auténtico restaurante & beach club. Son 750 metros cuadrados de sala y 250 metros cuadrados de terraza junto a la playa en donde se sirve una cocina contemporánea que se acerca a los conceptos orientales vanguardistas, todo ello combinado con una acertada carta de vinos, cavas y champagnes.

El origen del Chiringuito en España
La palabra chiringuito no cuenta, sin embargo, con una larguísima tradición. Se comenta que fue el local emplazado en medio de la playa de Sitges (Barcelona) el que dio nombre a los establecimientos de playa. El Chiringuito de Sitges se inauguró en 1914 y desde entonces sigue ofreciendo tapas de pescadito frito, patatas bravas y otros aperitivos a propios y foráneos. Allí ni música chill out, ni camareras jovencitas, simplemente producto y emplazamiento. l
Izaskun Azpiroz

Cuestiones legales
Los chiringuitos suelen ser concesiones que otorgan los ayuntamientos, previo concurso público para hacerse con la licencia. Dependiendo de la playa y del municipio, se puede llegar a pagar desde 6.000 hasta 100.000 euros por año por un local que no puede medir más de veinte metros en las playas y que está abierto sólo durante el verano, por norma general. El resto del año, el propietario necesita de un lugar para guardar la estructura de su negocio. La duración de las concesiones varía según los criterios que establecen los distintos ayuntamientos. En algunos casos se trata de licencias por dos años, mientras que en otros municipios, se llegan a otorgar hasta por quince años, pero lo obligatorio es revisar la concesión anualmente.

Los diseños de chiringuitos varían de una playa a otra, de un municipio a otro, aunque la última moda pasa por utilizar materiales naturales y estructuras cada vez más cuidadas y de calidad. Existen chiringuitos que cuentan con lavabos, cocina y almacén, mientras que otros sólo tienen una barra de bar, pero el valor añadido es tener a un público fiel rendido al particular estilo de un local. Por el traspaso de un chiringuito se pueden llegar a pagar auténticas fortunas. Por un local en la playa de Barcelona, por ejemplo, se ha llegado a pedir hasta 400.000 euros, aunque el coste de la estructura en sí oscile entre los 2.000 y los 25.0000 euros.

Pero la ley de costas no pone fácil la permanencia de estos locales, ya que la mayoría se emplazan en suelo público -demasiado cerca de la línea de mar- y el Ministerio de Medio Ambiente lucha por “limpiar” la zona pública de las playas. El caso es que el chiringuito de playa podría hallarse en peligro de extinción en muchas zonas de España, todas aquellas que no cuenten con espacio suficiente o con paseo marítimo, como ya pasa en playas como las de Barcelona. En ese caso siempre estarán los chiringuitos para ofrecer bebidas, comidas, sombras, música y, en un futuro, quién sabe qué más. l